viernes, 26 de junio de 2009

El libro negro del comunismo: Una reflexión para la humanidad

por: Leonor Filardo
Leonor Filardo es consultora en economía y analista de CEDICE (Venezuela).
Es el título de un libro publicado en Paris en 1997 por Stéphane Courtois, director del Centro Nacional de Investigación francés y varios historiadores, especialistas en países comunistas. Su motivación surgió porque abrieron los archivos secretos de la Unión Soviética y consideraron que era un deber histórico informarle al mundo el horror de la verdad: el desarrollo sistemático del terror para ejecutar crímenes masivos. Se sintieron obligados moralmente honrar la memoria de victimas inocentes de una fuerza que trató de borrar los crímenes cometidos. En su reflexión argumentan que: Un historiador no debe dejar piedra que no voltee. Ningún factor, sea político, ideológico, o personal debe obstaculizarlo en buscar la verdad.
Distingue entre doctrina y práctica del comunismo. Desde el punto de vista de la filosofía política, plantea que tiene su origen en la República de Platón al introducir el ideal de la ciudad, donde nadie se corrompe por dinero o poder y prevalece la sabiduría, la razón y la justicia. Pero éste comunismo romántico no existe. El que prevalece no está en la esfera trascendental de las ideas. Es el comunismo sangriento que diariamente impone una represión generalizada, censura a todos los medios de comunicación; promueve el crimen, el terror y el ataque permanente a desidentes para controlar y mantenerse en el poder. El practicado por Lenin, Stalin, Mao, Ho Chi Minh, Castro y Pol Pot. Por ello decidieron investigar los crímenes de estos dictadores. Para ser objetivos desde el punto de vista histórico y moral, plantearon que dichos crímenes debían ser juzgados por el código universal de la ley natural de la humanidad, aplicado en el juicio del Tribunal de Nuremberg para juzgar los cometidos por los Nazis. Los estatutos del Tribunal en su artículo 6 tipifica tres clases de crímenes: contra la paz, la guerra y de lesa humanidad:
Entre los primeros destaca la planificación e iniciación de una guerra de agresión contra la población local o internacional, o una que viole los tratados internacionales o que conspire para llevar a cabo cualquiera de los actos mencionados. Entre los crímenes de guerra cita la violación de leyes por el maltrato a residentes de un país, a presos políticos, asesinatos, confiscación de la propiedad privada, destrucción sistemática de las industrias, del poder descentralizado y de las ciudades.
Los crímenes de lesa humanidad abarcan actos inhumanos como los escuadrones oficiales que atacan a la población civil con gases, bombas lacrimógenas, asaltos, masacres, acusaciones sin pruebas, destrucción de la población por hambruna planificada, persecuciones raciales, religiosas y de clase. La hambruna planificada es un método típico mediante el cual controlan la producción e importación de alimentos para distribuirla según méritos individuales (solo para los que apoyan al régimen).
El otro método iniciado por Lenin y sus seguidores es la guerra de clases, en la que califican de enemigos a la clase media, que llaman burgueses. Su propósito es exterminarlos. Courtois lo califica de genocidio de clases, igual a lo que hicieron los Nazis con los judíos. Encontraron que los crímenes comunistas hasta la fecha de su investigación alcanzaron 100 millones, mucho más numerosos que los cometidos por los Nazis que llegaron a 25 millones. Pero mientras los Nazis fueron calificados como los más atroces de la humanidad y condenados en el juicio de Nuremberg, el comunismo logró legitimidad internacional, apoyo político e intelectual. Argumenta varias razones pero entre las más importantes están:
i) La fascinación platónica y utópica de la revolución, que sólo ha sido una farsa porque ha fracasado en países que la han practicado o pretenden llevarla a cab. ii) La victoria que tuvo la Unión Soviética sobre el Nazismo, que contribuyó a que fungieran de patriotas y le sirviera de mascara para apoderarse del poder de los países que fueron invadidos por los Nazis. iii) La fortaleza del aparato propagandístico mediante la cual compran a cualquier precio, a los más famosos para ensalzarlos. Por ello califica a algunos intelectuales y artistas, como prostitutas comunes que lo hacen solo por percibir fuertes sumas de dinero. iv) Inmortalizaron el holocausto porque les generaba dividendos al esconder sus propios crímenes con su propaganda antifacista. Courtois plantea que la historia no puede aislarse de principios fundamentales como el derecho a la vida, a la libertad, a la dignidad humana y el respeto a las reglas democráticas. Por ello reitera que el mundo civilizado tiene que condenarlos como hicieron con los Nazis, aplicando los principios de Nuremberg:
I) Cualquier persona que cometa actos que constituyan un crimen bajo las leyes internacionales será responsable y por consiguiente sujetos a castigo. II) El hecho de que las leyes internas no impongan castigo por un acto que constituya un crimen bajo las leyes internacionales, no exime a la persona que cometió el acto de su responsabilidad bajo las leyes internacionales. III) El hecho de que una persona que ha cometido un acto que constituye un crimen bajo las leyes internacionales sea Jefe del Estado o un oficial responsable del Gobierno no le exime de la responsabilidad bajo las leyes internacionales. IV) El hecho de que una persona actúe bajo las órdenes de su Gobierno o de un superior no le exime de la responsabilidad bajo las leyes internacionales, siempre que se demuestre que tenía posibilidad de actuar de otra forma.

Hayek versus los expertos en desarrollo

por: William Easterly
William Easterly es profesor de economía en New York University y co-director del Instituto para Investigaciones de Desarrollo de la misma universidad. Easterly es autor de The White Man’s Burden: Why the West’s Effort to Aid the Rest Have Done So Much Ill and So Little Good (2006).
Introducción
Esta noche nos encontramos en un momento similar a aquel en que Hayek escribió El camino de servidumbre en 1944. En ese entonces, como ahora, un gran colapso financiero fue visto como el fracaso de la libertad. En realidad, las cosas eran incluso peores en ese entonces para el punto de vista de Hayek. Luego de la Gran Depresión, muchos señalaron el aparente éxito de la industrialización planificada centralmente en la Unión Soviética en superar en rendimiento a los mercados. Como Hayek escribió en 1944, la democracia casi no existía aparte de unas pocas sociedades que hablaban inglés. Aún en EE.UU., las personas indicaban el aparente éxito de la planificación estatal, impuesta desde arriba, para la producción de armas en tiempos de guerra. Bajo estas circunstancias, Hayek sabía que sería caricaturizado como un ideólogo de derecha, aunque sus ideas no encajaban en el rancio debate partidario acerca de los mercados versus el Estado. Él argumentó que el mejor sistema a largo plazo dependía de la creatividad de los individuos ubicados en la base de la pirámide productiva, quienes gozaban tanto de libertad política como económica. De la manera que describiré abajo, Hayek consideró que el Estado y el mercado funcionan mejor cuando son el resultado de desarrollo espontáneo de abajo hacia arriba, con nadie a cargo.
Se requirió de coraje para criticar al control desde arriba hacia abajo luego de las calamidades tenebrosas de la Gran Depresión: aún así la visión de Hayek sería reivindicada por los eventos subsecuentes. ¿Cuántos de nosotros mostraremos un coraje intelectual similar en medio del colapso financiero de hoy?
Los expertos en desarrollo
Hayek no habló de esto en ese momento, pero sus advertencias acerca del avance de la planificación de arriba hacia abajo tal vez fueron más relevantes en el llamado Tercer Mundo. Desafortunadamente el campo de estudio llamado economía de desarrollo nació en el momento en que más se dudó de la libertad individual. Como resultado, los economistas concibieron al desarrollo desde el principio—y aún hoy lo conciben así a un extremo que da susto—como un proceso de arriba hacia abajo conducido por expertos en desarrollo que operan con un cheque en blanco.
Los expertos en desarrollo “de arriba hacia abajo” demostrarían estar equivocados una y otra vez. Aún así la concepción del desarrollo como un proceso de arriba hacia abajo comprobaría ser resistente al fracaso, por razones que también intentaré describir.
En sus principios la idea predominante era la del Gran Empuje. En las décadas de los cuarenta y cincuenta se pensaba que las naciones del Tercer Mundo estaban “atrapadas en la pobreza” ya que ésta generaba un círculo vicioso de excesivo crecimiento de la población, mala salud, analfabetismo, pésima infraestructura y pocos ahorros. La respuesta, de acuerdo a economistas de desarrollo tales como Sir Arthur Lewis, era una inyección gigante de ayuda externa—el “gran empuje”—para pagar inversiones en todas estas áreas de una vez por todas. Se pensó que algunos países eran más difíciles de desarrollar que otros. A principios de la década de los sesenta, el Banco Mundial ridiculizó a un país que carecía de recursos diciendo que era poco probable que este lograra siquiera un éxito modesto en exportar. Al mismo tiempo, el experto en desarrollo Gunnar Myrdal también advirtió acerca de otro país, diciendo que el crecimiento de la población era un “problema explosivo”. El nombre del primer país es Corea del Sur. El segundo es Singapur. Y no es que los expertos en desarrollo siempre fueron pesimistas: El Banco Mundial dijo en 1958 de otra nación que su “potencial se compara favorablemente con aquellos de otros países en el sureste de Asia”. Ese país es Myanmar.
Al igual que con las predicciones acerca de los países, el desempeño de los expertos en desarrollo no mejoró con las predicciones generales. Sir Arthur Lewis y otros tenían un modelo muy particular de cómo la ayuda externa aumenta el crecimiento que nos permite ser precisos acerca de cuánto crecimiento ellos esperaban por una determinada cantidad de ayuda externa. Para un cuarto de los países que han recibido la mayor cantidad de ayuda a lo largo de los últimos cuarenta y cinco años, la predicción era que su ingreso per cápita aumentaría desde alrededor de $500 por persona en 1960 a más de $5.000 por persona hoy. Este aumento de más de 1.000% fue más que superado por unos pocos países que recibieron poca ayuda con niveles de pobreza similares a otros que recibieron ayuda considerable. Tal fue el caso de Corea del Sur, la cual aprovechó las oportunidades en el mercado creadas por el boom global en el comercio internacional luego de la Segunda Guerra Mundial. Ahí quedó la idea de que estas naciones estaban “atrapadas en la pobreza”. Mientras tanto, los países que recibieron mucha ayuda externa no llegaron a los $5.000 por persona; su ingreso hoy todavía es de $500. Hasta ahí llegó la idea del Gran Empuje. Cuando las predicciones de una teoría fracasan, la teoría queda descartada. Qué tragedia que ideas así de fracasadas condenaron a tanta gente a continuar en la pobreza.
¿Es posible el desarrollo planeado?
Hayek no escribió mucho acerca de desarrollo, pero su defensa de los mercados y la crítica a la planificación central fueron muy relevantes para estos debates. En un artículo clásico de 1945, Hayek indicó que ningún planificador central desde arriba podía de alguna manera tener suficiente información para asignar los recursos y provocar el funcionamiento de las fábricas. Un sistema descentralizado, con flujo de información de abajo hacia arriba, permitía que cada individuo utilice su conocimiento de cientos de diminutos factores locales y problemas imprevistos de tal forma que haga que su proyecto funcione y que sus acciones sean coordinadas con otros a través de los precios del mercado—que señalan a todos cuáles productos son abundantes y cuáles escasos.
Lo que Hayek correctamente llamó una “maravilla” era un sistema de abajo hacia arriba que nadie tiene que dirigir o siquiera comprender para que funcione. Como Hayek dijo en 1945: “aquellos que claman por una dirección ‘consciente’. . . no pueden creer que cualquier cosa que haya evolucionado sin diseño (e incluso sin nuestro entendimiento) debería resolver problemas que no deberíamos ser capaces de resolver conscientemente”.
Hubo economistas de desarrollo que entendieron en ese entonces la importancia de la libertad individual en el desarrollo, tales como el economista sudafricano Herbert Frankel y el economista inglés-húngaro P.T. Bauer. Desafortunadamente, hay más recompensas para las malas ideas en la economía del desarrollo que para las buenas. Arthur Lewis y Gunnar Myrdal ambos ganaron un Premio Nóbel. P.T. Bauer fue descalificado como un herético, y el pobre Herbert Frankel fue ignorado y luego olvidado por completo. Yo vengo a hablar aquí ante ustedes orgullosamente aspirando a ser el Herbert Frankel de esta generación.
Esto no es una manera de decir que los economistas de desarrollo no eran capaces de cambiar con los sucesos. En la década de los ochenta, las ideas de libre mercado finalmente empezaron a ganar aceptación entre algunos economistas de desarrollo debido al fracaso de la ayuda externa y al éxito de los tigres asiáticos. Aún así, paradójicamente, estos mismos economistas de desarrollo no renunciaron a su técnica de planificar desde arriba hacia abajo. Solamente recitar las palabras “mercados libres” no lo absuelve a uno de ser un planificador. Como la cita de Hayek acaba de señalar, los mercados evolucionan de abajo hacia arriba sin ningún diseño consciente. Con poco conocimiento de las medidas, la política, o las instituciones locales los burócratas del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial impusieron sus propios diseños de transición hacia un mercado libre en África, Latinoamérica y el Medio Oriente en la década de los ochenta y la de los noventa.
Estos intentos se volvieron aún más absurdos con la caída del Muro de Berlín y la imposición de la “terapia de shock” sobre Europa Oriental y la antigua Unión Soviética, en un intento de gran envergadura por parte de los mismos burócratas de convertir en un solo golpe a una economía comunista en una capitalista. Jeffrey Sachs fue el padre intelectual de la terapia del shock. De nuevo, los críticos estuvieron en la minoría. Peter Murrell de la Universidad de Maryland y John McMillan de Stanford indicaron los sorprendentes vacíos de los terapeutas del shock. Como lo resumió McMillan, “si hubiésemos podido planear las reformas, entonces hubiésemos podido planificar la economía”.
En los ochenta y noventa, el crecimiento en el PIB per cápita fue de cero en África, Latinoamérica y el Medio Oriente, y las repúblicas de la antigua Unión Soviética experimentaron una de las peores depresiones en la historia económica. La reacción luego de tal fracaso de estas mal llamadas “reformas de libre mercado”, impuestas por extranjeros, fortalecieron a figuras xenófobas y anti-libertad como Hugo Chávez de Venezuela, Evo Morales de Bolivia, Robert Mugabe de Zimbabwe y Vladimir Putin de Rusia.
Pero una vez más, estar en lo correcto conseguía poca recompensa: Murrell y McMillan fueron ignorados, mientras que Jeffrey Sachs se convirtió en un célebre economista a pesar del fracaso de la terapia del shock. Jeffrey Sachs consiguió aún más fama por su método de planificación desde arriba hacia abajo cuando redescubrió las ideas fracasadas hace más de 50 años acerca de las naciones atrapadas en la pobreza y el Gran Empuje de ayuda externa en el nuevo milenio. Estas ideas atrajeron a muchos, mientras que la libertad individual volvió a pasar de moda en el desarrollo; Sachs hasta se ganó el apoyo de estrellas de cine. Sachs citaba el apoyo de Hayek a sus ideas, pero desafortunadamente su apoyo no venía de Friedrich Hayek sino de Salma Hayek.
El orden espontáneo y la mente humana
¿Cómo es que el método de arriba hacia abajo todavía domina la economía del desarrollo a pesar de cincuenta años de predicciones fracasadas por parte de los expertos en desarrollo? Hay muchas razones, pero una que yo creo que es particularmente interesante es que nuestros cerebros están hechos para creer en la planificación desde arriba hacia abajo. El filósofo Daniel Denett argumenta que la evolución humana favoreció esa manera “intencional” de pensar. En cuanto a evolución, ver el comportamiento intencional de todos los animales era beneficioso. Cuando veías a un león moverse, podías apartarte si entendías que este pretendía comerte. Cuando veías a un grupo de cavernícolas de la cueva de al lado acercándose a ti con antorchas y bates, podías defenderte más efectivamente si veías a este grupo con una agenda específica, tal como matar a tus hombres y robar tus mujeres. Los cavernícolas que vieron acción intencional en todas partes sobrevivieron. Los que no, murieron.
Así que ahora tal vez podemos entender las aseveraciones de aquellos que le atribuyen el mal a los procesos espontáneos, tales como los manifestantes anti-globalización que dijeron en 2002 que los líderes corporativos se reúnen en “encuentros de alto nivel” para “delinear el camino de la globalización en nombre de las ganancias privadas”. Donde hay desigualdad en las economías de mercado, la gente cree que alguien pretendió empobrecer a las personas más pobres. Donde hay emprendedores que actúan de manera espontánea y de esa manera crean trabajos y al mismo tiempo destruyen otros, los recientemente desempleados muchas veces creen que alguien conspiró para quitarles su trabajo. Con nuestro antepasado cavernícola, es difícil entender que ninguna persona pretende los buenos o los malos resultados. Otro Premio Nóbel, Kenneth Arrow (alguien que, a diferencia de Hayek, no es visto como un ideólogo de derecha), dijo: “La noción de que a través del funcionamiento de un sistema entero los efectos podrían ser muy diferentes y hasta opuestos a las intenciones es seguramente la contribución intelectual más importante que el pensamiento económico ha hecho al entendimiento general de los procesos sociales”.
La idea que el orden espontáneo no está diseñado o pretendido por alguien se ha vuelto mucho más comprensible en nuestros días de lo que era en los tiempos de Hayek. Ahora nos damos cuenta de que cosas tan diversas como el Internet, el lenguaje, la evolución biológica, las redes sociales, e incluso los peatones caminando en una acera sin tocarse son órdenes espontáneos, con nadie a cargo. Ver el absurdo de la planificación central en estas situaciones ilustra cuán espontáneos estos son: ¿Qué tan bien crees que funcionaría tener un planificador central que nos asigne a nuestros amigos y parejas? ¿Qué tan bien crees que funcionaría que el Departamento de Caminar de Manhattan nos de a cada uno, cada mañana, nuestros caminos precisos dentro de la acera para que no nos golpeemos? Pero cuando persiste la manera de pensar de los cavernícolas de ver a los resultados como pretendidos por alguien, incluso los órdenes de abajo hacia arriba y espontáneos tales como los mercados, siempre se favorecerá la acción de arriba hacia abajo e intencional por parte de expertos que tratan de mejorar los resultados.
Hayek intentó contrarrestar este sesgo indicando qué tanta incertidumbre radical hay en la vida económica, la cual no es posible de procesar por un economista viendo las cosas desde arriba. Por ende, se necesita búsquedas descentralizadas e independientes de todo tipo de éxito por parte de individuos altamente informados y motivados. Él lo puede decir mejor que yo:
La interacción de individuos, que poseen diferente conocimiento y diferentes puntos de vista, es lo que constituye la vida del pensamiento. El crecimiento de la razón es un proceso social basado en la existencia de tales diferencias . . . [S]us resultados no pueden ser previstos . . . . [N]o podemos saber qué opiniones asistirán en este crecimiento y cuáles no.
Y
La libertad es esencial para dar lugar a lo imprevisible e impredecible; la queremos porque hemos aprendido a esperar de ella la oportunidad de realizar muchos de nuestros objetivos . . . . Confiamos en los esfuerzos independientes y competitivos de muchos para inducir la existencia de lo que querremos cuando lo veamos.
La manera en que países fueron exitosos en desarrollarse es a menudo encontrando un gran éxito en los mercados de exportación. Es imposible predecir cuál será el gran éxito. Por eso se necesitan los “esfuerzos independientes y competitivos de muchos” a los cuales Hayek se refería. ¿Quién hubiera previsto que las flores de Kenya capturarían 40 por ciento del mercado europeo que provee a aquellos hombres románticos que llevan flores a casa para sus esposas? Podría decirse lo mismo de los trajes de algodón para mujeres fabricados en Fiji (42 por ciento del mercado estadounidense), de los muelles flotantes hechos en Nigeria (84 por ciento del mercado noruego), de los circuitos electrónicos integrados de las Filipinas (71 por ciento del mercado mundial), o de los jets regionales hechos en Brasil (Embraer ahora tiene 22 por ciento del mercado mundial). El éxito más importante en las exportaciones de Egipto, representando 30% del total de sus exportaciones, son cerámicas de baño, de las cuales 93 por ciento van a Italia. ¿Puede usted imaginarse a un experto en desarrollo diciéndole a los egipcios, “¡El secreto es exportar inodoros a Italia!”?
El desarrollo es impredecible
¡Hayek correctamente predijo que el desarrollo sería impredecible! Esto podría sonar contradictorio, pero esta es una hipótesis genuinamente observable, como la predicción de la teoría de mercados eficientes de que nadie puede, año tras año, predecir la bolsa. Las tasas de crecimiento económico satisfacen la hipótesis anteriormente mencionada, no solamente las anécdotas mencionadas antes, pero también en investigaciones realizadas por mí y por otros que han descubierto que el crecimiento económico rápido rara vez persiste. China e India son los que crecen rápido ahora pero eran los que crecían lento en la década de los sesenta y la de los setenta; Brasil y Costa de Marfil crecían rápido en esa época pero han tenido crecimiento bajo desde 1980. El análisis estadístico sugiere que el crecimiento económico rápido en el corto plazo está determinado principalmente por factores transitorios que no pueden ser previstos. Incluso un mercado completamente libre tendrá intervalos variables de alto crecimiento durante períodos en los que los empresarios tienen mucho éxito y de bajo crecimiento cuando hay escasez de éxitos.
De esta manera la diferencia entre los sistemas exitosos de abajo hacia arriba que protegen la libertad individual y los sistemas que restringen la libertad no puede observarse de manera clara en las tasas de crecimiento a lo largo de períodos limitados, o incluso en períodos de hasta una década. Esta dificultad es explotada por los críticos de la libertad, quienes fácilmente pueden citar un ejemplo de un país no libre con crecimiento rápido (China es el actual favorito). De hecho, las tasas de crecimiento son tan volátiles que los expertos pueden comprobar casi cualquier teoría de desarrollo económico con un ejemplo de un país con crecimiento económico alto que también posee una política económica del agrado del experto. Estos argumentos son el equivalente intelectual de un apostador en Las Vegas que le atribuye su racha de buena suerte a las medias que tenía puestas en ese momento, y luego seguirá usando sus cada vez más apestosas medias en un intento fútil de reproducir esa suerte.
La diferencia entre los sistemas libres y no libres aparece en comparaciones a largo plazo, como en el nivel de ingreso per cápita. El hecho relevante acerca del desempeño de China a largo plazo es que su ingreso per cápita todavía está en la posición 122 en el mundo, detrás de Albania, Ecuador, Gabón, Jamaica, y Surinam, y es un décimo de lo que es el de Estados Unidos. Los niveles de ingreso per cápita están fuertemente correlacionados con las medidas de libertad económica y política, y las técnicas estadísticas sugieren que esta correlación es causal: la libertad causa la prosperidad. Corea del Norte ha tenido periodos de alto crecimiento, pero sería difícil descartar el argumento a favor de la libertad por la gran diferencia que existe hoy en ingreso per cápita, salud y nutrición entre los libres coreanos del sur y los esclavizados coreanos del norte.
La libertad individual
El último intento que nosotros los expertos en desarrollo necesitamos para encontrar empleo es que aceptemos que la libertad individual es el mejor sistema, y también decir que se necesitan expertos en desarrollo para diseñar las reglas que permiten la libertad individual. Es cierto que la libertad necesita de las reglas gubernamentales que protejan la propiedad privada, hagan respetar los contratos, prevengan el fraude y el robo, y muchas otras normas de buen comportamiento que hacen posible el trato entre individuos. Pero eso no significa que los expertos necesitan diseñar las reglas gubernamentales desde arriba hacia abajo. El último y posiblemente el más importante descubrimiento de Hayek fue que las reglas gubernamentales en un libre mercado no son diseñadas, evolucionan de abajo hacia arriba. Como lo dijo Hayek: “El valor de la libertad consiste principalmente en la oportunidad para el crecimiento de aquello que no ha sido diseñado, y el funcionamiento beneficioso de una sociedad libre depende en gran parte de la existencia de instituciones creadas libremente”.
¿Cómo crecen las instituciones libremente? Aquí pienso que los economistas han descubierto más cosas desde el tiempo en que Hayek escribió, aunque todavía tenemos mucho que aprender. Ahora tenemos la “teoría de juegos”, la cual puede describir un resultado en el cual cada uno de nosotros está de acuerdo con respetar los derechos de propiedad y contratos de todos los demás. Cualquiera que hace trampa o roba puede ser castigado con el ostracismo social, el cual carga la penalidad adicional de exclusión de contratos lucrativos en el futuro con otras personas. La norma social se estabilizará alrededor del respeto a la libertad individual que trata a los individuos tanto como merecedores de los frutos de su propio esfuerzo así como también responsables de cualquier costo que ellos impongan sobre el resto de nosotros. Desafortunadamente, también hay otro equilibrio. Si la trampa y el robo empiezan a ser aceptados ampliamente como algo normal, y cada individuo espera vivir de todos los demás, entonces tal sociedad puede quedarse estancada en un resultado de desconfianza y puede que no sea capaz de alcanzar la norma de la libertad. De hecho, las diferencias internacionales como respuesta a la pregunta de la Encuesta Mundial de Valores de que si los individuos debieran responsabilizarse por sí mismos (lo más cercano que este cuestionario llegó a la libertad individual) son pistas excelentes para saber qué sociedades de hecho tienen un libre mercado e instituciones democráticas. Por supuesto, se necesita un gobierno que pase leyes para hacer respetar las reglas, pero los buenos gobiernos simplemente formalizan las normas sociales que vienen de abajo y que respetan la libertad, la cual en gran parte causa el respeto a las reglas.
¿Qué explica las diferentes normas sociales en diferentes países? Aquí, francamente, ni Hayek ni los investigadores de hoy han llegado a una respuesta completamente satisfactoria. Probablemente, accidentes históricos importan: Un estudio reciente encuentra más desconfianza en regiones de África donde individuos fueron traicionados y vendidos como esclavos durante los siglos cuando existía ese mercado. Pero Hayek también sugirió que las reglas y normas están en sí sujetas al proceso evolutivo de supervivencia de los más aptos (tal vez el proceso es más lento de lo que quisiéramos). ¡Los individuos en sociedades pobres sin libertad que ven la conexión entre la libertad y la prosperidad van a querer libertad!
Ahora, un rol claro para los expertos en desarrollo: Pueden intentar acelerar el proceso evolutivo convenciendo a los individuos alrededor del mundo de cómo un sistema de abajo hacia arriba funciona a largo plazo cuando la gente valora la libertad individual.
Estos beneficios no son abstractos: Como una porción de las naciones con libertad económica y/o política ha tenido una tendencia constante hacia arriba desde 1970, la tasa global de pobreza se ha reducido por dos tercios. Para el ciudadano de Kenya empleado en exportar flores a Europa y para el egipcio empleado en la exportación de inodoros a Italia, el libre comercio no es una abstracción.
Tenemos ejemplos similares de cómo escapar de la pobreza en nuestra propia historia. En 1927, un bebé llamado Nathan nació en el Tercer Mundo de Estados Unidos, Virginia del Oeste. Su padre, un inspector de tala de madera mal pagado, murió de tuberculosis cuando el niño tenía dos años. Su madre, llamada Dora, se quedó a cargo de dos niños en Virginia del Oeste durante los peores momentos de la Gran Depresión. Si alguna vez hubo un círculo vicioso de la pobreza, este era uno. Pero Dora trabajó tan duro que fue capaz de mandar a Nathan a la Universidad de Virginia del Oeste (WVU, por su nombre en inglés). Nathan también continuó trabajando duro en varios trabajos hasta que pudo financiar su retorno a WVU para obtener un doctorado en biología. Se fue de Virginia del Oeste debido a una exitosa carrera como profesor de biología, para darles a sus hijos un estilo de vida de clase media. Yo debería saberlo porque yo fui uno de esos niños; Nathan es mi padre. Yo dedico este premio Hayek esta noche a mi padre, como agradecimiento por haber hecho realidad el sueño americano para nuestra familia.
Con tantos ejemplos inspiradores, les debemos a los pobres en todas partes del mundo la defensa de los valores de la libertad individual, los cuales le ofrecen al mundo la última y mejor esperanza de acabar con la pobreza.
Yo cerraré parafraseando a mi político favorito de EE.UU. que amaba la libertad, Abraham Lincoln:
Somos, nosotros, los vivos, los que debemos dedicarnos aquí a la tarea inconclusa que, aquellos que vinieron antes que nosotros, avanzaron tan noblemente. Somos los vivos los que debemos dedicarnos aquí a la gran tarea que aún permanece ante nosotros—que resolvamos aquí, firmemente, que este mundo tendrá un nuevo nacimiento de libertad—y que el desarrollo del pueblo, por el pueblo y para el pueblo no desaparecerá de la Tierra.

Los keynesianos cebaron la crisis subprime

por Juan Ramón Rallo
Juan Ramón Rallo Julián es investigador del Instituto Juan de Mariana (España).
Durante los últimos días, el Premio Nobel de Economía Paul Krugman ha sufrido un duro revés en su credibilidad, al airearse varias declaraciones suyas de 2001 y 2002 en las que aconsejaba a la Reserva Federal bajar los tipos de interés para reactivar la economía creando una burbuja inmobiliaria. Así, por ejemplo, escribía en el New York Times que: “Para combatir esta recesión, la Fed necesita contestar con mayor brusquedad; hace falta incrementar el gasto familiar para compensar la languideciente inversión empresarial. Y para hacerlo, Alan Greenspan tiene que crear una burbuja inmobiliaria para reemplazar la burbuja del Nasdaq”.
Y si bien a muchos nos ha sorprendido la imprudencia de Krugman por destapar las ruinosas cartas del keynesianismo, no nos ha extrañado en absoluto que el economista estadounidense sostuviera estas ideas. Al fin y al cabo, se enmarcan en la mejor tradición keynesiana de que las crisis económicas son períodos de irracional inestabilidad en los mercados que pueden y deben prevenirse mediante políticas estabilizadoras de la demanda, ya sean monetarias o fiscales.
La teoría keynesiana se contrapone por completo a la austriaca, que caracteriza las crisis como un período de purga o de liquidación de las malas inversiones que se habían generalizado en la economía como consecuencia de la expansión crediticia artificial que se había generado con anterioridad. Las crisis son el colofón necesario de que la inversión crezca por encima del volumen de ahorro real de una sociedad, es decir, de que se estén inmovilizando a largo plazo grandes sumas de dinero que los agentes económicos mantenían en su activo como saldos de tesorería (en lenguaje bancario: transformación de plazos).
Arnold Kling ha resumido con incisiva perspicacia la base del debate entre keynesianos y austriacos frente a las crisis económicas: “¿Es mejor una recuperación distorsionada que una recesión sin distorsiones?”. Los keynesianos, aun sin ser conscientes de ello, abogan por abortar el proceso de liquidación de malas inversiones (crisis) antes de que concluya y de iniciar acumulativamente una nueva fase de proyectos empresariales erróneos (recuperación). La idea final es encadenar lo peor con lo malo bajo la esperanza de que las economías siempre dispondrán de una plataforma en la que apoyarse para lograr impulso ante sus políticas de estímulo artificial.
El problema es que esa plataforma no es otra que la liquidez de los agentes económicos: la parte de su activo neto que pueda enajenarse en cualquier circunstancia sin pérdida de valor. Las recuperaciones distorsionadas que promueven los keynesianos se producen a costa de mermar cada vez más la liquidez de los agentes, hasta que llega un punto (como ahora) en el que se encuentran la despensa vacía y la política monetaria (obviamente también la fiscal) se muestra del todo impotente para promover una nueva recuperación distorsionada.
Los keynesianos han venido calificando esta situación como “trampa de la liquidez”, es decir, un escenario en el que por muy bajos que sean los tipos de interés no se logra que los agentes económicos demanden crédito para acometer nuevas inversiones. No entienden que si se ha llegado a semejante extremo es porque en el pasado han deteriorado tanto las posiciones de liquidez de los agente que ya nadie está en condición de volver a endeudarse (un incremento del pasivo supone un deterioro adicional de la liquidez). Puedes llevar al caballo al río pero no puedes forzarlo a beber.
Eventualmente, la suma de recuperaciones distorsionadas genera una depresión de considerable intensidad. Por eso las teorías keynesianas se encuentran entre las principales responsables intelectuales de la crisis actual. La burbuja inmobiliaria que quiso crear Krugman en 2001 para encarrilar una recuperación distorsionada de la crisis de las acciones puntocom ha sido la puntilla de décadas de errores empresariales acumulados en forma de deterioro de las posiciones de liquidez de los agentes económicos.

viernes, 19 de junio de 2009

La receta austriaca frente a la fantasía keynesiana

Por: Mark Thornton
La actual crisis ha revelado las raíces keynesianas de la economía convencional. El único debate ha sido el tipo y tamaño de los rescates y planes de estímulo. Por ejemplo, el premio Nobel Joseph Stiglitz de la Universidad de Columbia piensa que la nacionalización bancaria es preferible al plan de alivio de activos tóxicos de Geithner-Summers. La fantasía keynesiana es realmente una monomanía porque, en última instancia, consiste en la obsesión en una sola panacea, más gasto público. Entretanto, los austriacos defienden el conjunto de políticas contraria y han sostenido heroicamente su receta de la liquidación.
El elevado grado de unanimidad entre los economistas de la corriente principal (mainstream) a favor de los rescates y planes de estímulo se hizo evidente en la reciente convención de la American Economic Association. Además de esta unanimidad, los economistas convencionales se han convertido en más influyentes y poderosos que nunca. Por ejemplo, Paul Krugman, el premio Nobel en economía más reciente y columnista del New York Times, apoya los planes de estímulo para combatir la recesión.
No importa cuántos nuevos planes se ofrezcan, su única queja es que no es suficiente. El antiguo compañero de Krugman en la Universidad de Princeton, Ben Bernanke, a cargo ahora de la Reserva Federal, cree que si él puede arreglar los problemas de la economía financiera también puede evitar que los problemas se extiendan a la economía real.
Larry Summers, antiguo economista y presidente de la Universidad de Harvard es ahora el director del Consejo Económico Nacional del presidente Obama y, presumiblemente, el coordinador de los planes para atajar la crisis económica. Es interesante mencionar que Summers es el hijo de dos economistas académicos y es el sobrino de los premios Nobel,Paul Samuelson y Kenneth Arrow. También es considerado uno de los mentores del Secretario del Tesoro, Timothy Geithner, quien trabajó bajo órdenes de Summers en el departamento del Tesoro durante la Administración Clinton.
La receta austriaca contra la crisis
Todo esto me sugiere que esta crisis es un “test de mercado” para los economistas mainstream. Nunca antes tantos economistas académicos han tenido un papel tan importante en la política económica del Gobierno federal. Si incluimos a los dos de fuera (del Gobierno), Stiglitz y Krugman, con los poderosos de dentro (del Gobierno), Bernanke y Summers, tenemos una buena muestra acerca de la economía convencional de elite.
Dado que el Congreso ha votado muy pocas de las muchas medidas adoptadas por la Administración para atajar la crisis, se supone que este equipo económico, incluyendo al secretario Geithner, es responsable del diseño de la mayoría de las respuestas a la crisis.
Sus respuestas equivalen a medidas keynesianas puras y duras. En el último trimestre de 2007, aplicaron los típicos recortes de tipos de interés de la Reserva Federal. Luego, en enero de 2008, el primero de los movimientos sin precedentes vino de Bernanke cuando la FED empezó a subastar activos en la ventana de descuento. Esto fue seguido por una respuesta sin precedentes detrás de otra, rescates, estímulos, y garantías gubernamentales, tales como incrementar la cobertura del seguro del FDIC [Fondo de Garantía de Depósitos] sobre depósitos bancarios y extenderla a fondos del mercado monetario. Todo esto equivale a billones de dólares de más gasto público.
Es decir, Obama no trajo ningún “cambio”, tan sólo incrementó la magnitud y velocidad de las políticas. Los rescates, planes de estímulo y garantías públicas deberían ser vistos como una especie de proteccionismo por la puerta de atrás. Washington está protegiendo a Wall Street; está protegiendo a los bancos; está protegiendo a las compañías de automóviles; y está protegiendo los empleos en general. Entre los gobiernos extranjeros ya se han suscitado preocupaciones sobre este perfil rescatador del Gobierno, de proteccionismo y posibilidad potencial de una guerra en el comercio global.
Por supuesto, si señalas este punto a cualquiera de los economistas de la elite en Washington se burlarían y negarían la culpa. ¿Por qué? Porque todos los economistas saben que el proteccionismo sólo agravará los problemas. La Ley Arancelaria Smoot-Hawley convirtió a la Gran Depresión en algo mucho peor, y este creciente proteccionismo puede provocar guerras comerciales.
La receta austriaca para la crisis económica es muy simple y requiere poca acción por parte del Gobierno. El enfoque keynesiano es una receta para el desastre. Aquí están los ingredientes pasivos de la receta Austriaca:
Permitir la liquidación de empresas en quiebra y de su deuda: nada de rescates públicos.Permitir que caigan los precios: nada de inflación monetaria.No apoyar artificialmente al empleo: nada de estímulos económicos.No conceder avales públicos: nada de nacionalizaciones de las llamadas government-sponsored enterprises (GSEs) ni de expandir la cobertura del FDIC.No subvencionar el desempleo: nada de extender el subsidio de paro desempleo.No castigar o desincentivar el ahorro.
Esta receta producirá la recuperación más rápida posible y minimizará la magnitud del daño económico. El lado activo en términos de políticas austriacas consistiría en reducir el tamaño del gobierno, presupuesto, impuestos, y regulaciones.
Debería ser bastante obvio que los Austriacos y los economistas Keynesianos tienen opiniones totalmente contrarias acerca de cómo resolver la actual crisis económica. Para ver cómo podría resultar, echemos un vistazo hacia atrás a la historia económica americana.
El siguiente super ciclo
Los economistas convencionales identifican los giros en el ciclo económico mediante los datos que aporta elNational Bureau of Economic Research (NBER). Esta información parece sugerir que las contracciones se están haciendo más cortas en duración mientras que las expansiones son más largas. Sin embargo, hay muchos problemas significativos con los datos de los ciclos del NBER.
Un problema es que los datos del NBER oscurecen lo que denomino “super ciclos”, que no deberían ser confundidos con los ciclos de Kondratiev o las Olas de Elliot. El primero de estos super ciclos es la Era Progresiva, cuando se acometieron un conjunto de cambios radicales en la Constitución, el gobierno y la economía. Este super ciclo abarca los cinco ciclos desde 1907 a 1921. El segundo super ciclo fue la Gran Depresión desde 1929 pasando por la Segunda Guerra Mundial, y el tercer super ciclo fue laGran Estanflación de los ‘70, que duró desde 1970 hasta 1982.
Otro problema consiste en cómo medir mejor la economía a lo largo del ciclo económico. El NBER tiene en cuenta muchos factores para calcular los picos, valles, y recesiones, pero en gran medida se resumen en el PIB. Un problema con este enfoque es que a lo largo del tiempo el gasto público ha aumentado notablemente en relación al sector privado.
El gasto del Gobierno federal es menos susceptible a recortes durante las recesiones, debido al poder del Ejeuctivo para incurrir en déficits presupuestarios, subir impuestos y generar inflación. Las grandes cantidades de gasto público gubernamental hacen que los ciclos más recientes parezcan menos importantes que los antiguos ciclos cuando se mide en términos de PIB.
Sin embargo, el gasto público no es comparable al privado, ya que su valor no depende directamente de los consumidores, y buena parte de él es realmente nocivo para la economía. El Gobierno podría pagar a la gente para que cavara hoyos y a otra gente para que los llenara, y así se incrementaría el PIB, pero nadie sostiene que ése sea el camino de la prosperidad.
Tratando de corregir este problema con lo aportado por Murray Rothbard y los cálculos de Robert Batemarco, encontramos que los tres super ciclos del siglo XX coincidieron con el ascenso de intervencionistas de diversos tipos: los progresistas (1907-1921), los defensores del New Deal (1929-1945) y los keynesianos (1970-1982).
En contraste, si miramos a las recesiones normales, donde el país no estaba en guerra, estaba bajo el patrón oro y donde la política keynesiana no era dominante, nos encontramos una historia muy diferente. Por ejemplo, las recesiones de 1953-54, 1957-58, y 1960-61 fueron cortas en duración, poco profundas y fueron seguidas por un crecimiento robusto.
En la actualidad, la burbuja inmobiliaria alcanzó su cumbre en julio de 2005. La inversión privada, un indicador fundamental de la economía, hizo lo propio en 2006. A medida que las condiciones adversas en la industria constructora se extendieron, la economía se dio un traspié a finales de 2006 y otra vez a finales de 2007, antes de caer en clara depresión en 2008. El tamaño y alcance de los remedios de las políticas keynesianas empleadas desde finales de 2007 no tiene precedentes. Con el resurgir de la economía keynesiana sólo podemos concluir que las precondiciones para un nuevo super ciclo ya están puestas, y que si las políticas no se revierten, nos enfrentaremos a muchos años de condiciones económicas depresivas.
Artículo elaborado por Mark Thornton y publicado originalmente en el Ludwig von Mises Institute.