martes, 26 de mayo de 2009

Derechos de propiedad y desarrollo económico

Por: José Luis Tapia Rocha [1]
Los principios de una sociedad libre y próspera radican en garantizar libertad y propiedad privada. Estos requisitos corresponden a un estado de derecho donde se entienden que el mercado no puede funcionar eficientemente sin estado de derecho y el estado de derecho no puede funcionar sin mercado. Ambos son dos caras de una misma moneda. Una no puede existir sin la otra. Este es el mercado con que opera una sociedad abierta dentro de un gobierno limitado.
Ahora bien, Mark Skousen, prestigioso economista quien escribió el libro “Lógica económica”[2], ha definido la economia como “el estudio de cómo la gente mejora su estandar de vida a través de la creación de riqueza”. Entiende que es la gente la que genera la riqueza combinando cuatro factores de la producción; recursos naturales, mano de obra, capital y empresarialidad. A cada factor le corresponde un mercado, así tenemos: mercado de recursos naturales, mercado laboral, mercado de capitales, y mercado empresarial. Y si economistas de la talla de Friedrich Hayek[3] y Ludwig von Mises[4] han sostenido que se necesita derechos de propiedad privada, para tener libertad de decidir qué medios económicos se debe escoger para producir riqueza, entonces, los derechos de propiedad se convierten en un pilar fundamental para la sobrevivencia económica en el mercado.
Si hipotéticamente estamos en un mundo donde no hay derechos de propiedad privada, no podríamos decidir cuánta mano de obra hemos de contratar, o cuánto capital comprar. Sencillamente, no tendríamos derecho a tener propiedad privada sobre ningún factor de la producción, ni menos libertad para decidir y sobrevivir empresarialmente.
La filósofa objetivista Ayn Rand en el libro “El Manantial”[5] ha dicho que una vida digna es una vida productiva en que podemos sobrevivir siempre que seamos libres. Y si no hay libertad de decidir, por que no hay derechos de propiedad privada, entonces estaríamos en una situación de esclavitud económica donde habría un amo que decide nuestras vidas. Por ello que es importante los derechos de propiedad privada para que el individuo pueda desarrollarse económicamente y sea responsable de vivir productivamente.
Todos los negocios, para poder operar, necesitan de propiedad privada tangible e intangible para la creación de riqueza. Necesita propiedad privada para poder decidir cuántos recursos naturales e insumos debe comprar, cuánta mano de obrar debe contratar, o cuánto capital debe tener, para que el empresario pueda descubrir y combinar todos los factores antes mencionados, en la producción de riqueza de manera eficiente en un mercado libre. Si no hay propiedad no puede haber mercado libre.
Ludwig von Mises, escribe en su libro “La Acción Humana”[6] que el mercado libre es el sistema social de la división del trabajo en que se intercambia bienes y servicios guiados por los precios que permiten realizar cálculos económicos para determinar pérdidas y ganancias empresariales. Pero sin derechos de propiedad, no pueden surgir los precios, y sin precios no efectuarse cálculos económicos. Como se ha dicho, sin propiedad privada no puede decidirse qué factores utilizar porque no tendríamos autorización del dueño. El único que puede quitamos la propiedad privada sería ladrón o el estado.
El filósofo político del siglo XVII John Locke ha señalado en sus “Ensayos sobre el Gobierno Civil”que la libertad y propiedad privada son derechos naturales anteriores al estado. El estado surgió espontáneamente desde la aparición de las primeras tribus en forma violenta con los impuestos. Luego se moderniza a partir de 1776 con la revolución americana frente a los ingleses y la francesa de 1789 frente a la monarquía absoluta. En ambas se funda la república y se separa formalmente los poderes judicial, legislativo y ejecutivo mediante una constitución política, limitando el estado a ejercer la justicia, seguridad y obras públicas.
La constitución tiene su parte dogmática que habla de derechos individuales a la vida, libertad y propiedad, pero hay constituciones como la americana donde sus siete artículos indica cómo debe funcionar el estado. Gracias en gran parte a este tipo de constitución, que protege los derechos individuales, es que los EEUU es una de las naciones más poderosas económica y políticamente.
La evidencia empírica indica que los derechos de propiedad privada y la libertad económica son inseparables e importantes para el desarrollo económico. Hay varias instituciones como Fundación Heritage (www.heritage.org), Instituto Cato (www.elcato.org), Instituto Fraser (www.fraser.org.ca), Alianza de los derechos de Propiedad (www.internationalpropertyrights.org), Instituto de Libre Empresa (www.ileperu.org) y el Observatorio para el Desarrollo Territorial (www.ucss.edu.pe/odt/q_odt/q_odt.htm) que vienen difundiendo los Indices de la Libertad Económica y de los Derechos de Propiedad.
En estos índices se constata que los paises que tienen mayor libertad económica y propiedad privada segura son los países más prósperos del planeta. Tenemos que Hong Kong, Singapur, Australia, Nueva Zelanda, Irlanda, EEUU, y Canadá cuyos ingresos por habitante promedio asciende a $30,000 anual son los paises más libres del mundo llegando casi al 100% de libertad económica. En cambio, países como Norcorea, Venezuela, Cuba, Eritrea, y Zimbawe tienen ingresos per cápita por debajo de los $10,000 anuales y se ubican entre los últimos 6 paises con menor libertad económica en el mundo.
En relación al Indice de Derechos de Propiedad (www.internationalpropertyrights.org), se debe señalar que paises como Finlandia, Dinamarca, Paises bajos, Suecia, Noruega, Alemania, y Suiza son los paises que tiene propiedad privada más segura del mundo y no es casualidad que sean los que tienen mayores niveles de ingresos.
Como se sabe, los resultados económicos de un país se deben a los resultados económicos de las empresas. Si las empresas en su conjunto se desarrollan, entonces el Producto Bruto Interno crece. Esto se debe a que las decisiones empresariales han sido exitosas lo que ha permitido producir riqueza en abundancia, empleos, e ingresos para trabajadores y empresarios. Pero nada de esto es posible si la unidad económica básica de la economía de la oferta –como es la empresa privada- no tiene garantizada su libertad para crear riqueza a través de los derechos de propiedad.
Si la propiedad privada es segura tendremos inversiones de corto, mediano y largo plazo. Si un pais no ofrece seguridad a la propiedad privada, no hay inversiones de largo plazo, lo que condena el futuro crecimiento de los ingresos de los trabajadores y empresarios.
Lamentablemente en el Perú, se encuentra entre los paises más inseguros en materia de derechos de propiedad privada en el mundo. Se ubica en el puesto 82 de 115 paises y principalmente porque su ambiente político y legal es uno de los peores en el mundo. Cuando hay inestabilidad legal y politica la legislación cambia y las instituciones se debilitan hasta volverse organizaciones pasajeras. Allí tenemos al Poder Judicial que la mayoría de los peruanos desaprueba su gestión, más que un poder, se ha convertido en un órgano del Poder político[7], perdiendo independencia y debilitando la protección de la propiedad privada. De modo que sus consecuencias son la falta de inversión privada, ineficiencia, decrecimiento económico y pérdida de competitividad. Es el comienzo del círculo de la pobreza.
Por ello la salida o solución a los problemas económicos y politicos se encuentra en limitar la acción gubernamental a sus funciones naturales de justicia, seguridad y obras públicas para que el estado desempeñe eficientemente, sin corrupción, y con total independencia de poderes. Estos son los requisitos politicos para evitar el debilitamiento progresivo del derecho a la propiedad privada en el Perú. Y como sabemos, sin propiedad privada no puede haber libertad.
Como se ha manifestado en líneas anteriores, al no haber propiedad privada segura no puede haber libertad económica. Sino hay libertad económica, no hay libertad de empresa. Al no existir libertad de empresa no puede haber desarrollo empresarial y menos producir riqueza e ingresos para trabajadores, propietarios y empresarios. Es decir, no se podrá salir nunca de la pobreza. © FIN
[1] Economista. Director General del Instituto de Libre Empresa (www.ileperu.org). Profesor de las Universidades de san Martin de Porres y San Juan Bautista. Asesor del E. G. West Centre de la Universidad de Newcastle Upon Tyne, Inglaterra. Correo electrónico: joseluis@ileperu.org
[2] Mark Skousen (2008), Economic Logic, Capital Press, Washington, EEUU, 576 pags.
[3] Para lecturas profundas sobre legislación y la legitimidad del derecho de propiedad consultar Friedrich Hayek (2007). Derecho, Legislación y Libertad, Unión Editorial SA, Madrid, 268 paginas.
[4] Se recomienda leer el libro de Ludwig von Mises (1995)“Liberalismo y capitalismo”, Unión Editorial SA, Madrid, pag.35.
[5] El alegato de Howard Rorke a favor de la individualidad y la vida productiva están en las paginas 662-668, en Ayn Rand (2004), “El Manantial”, Editorial Grito Sagrado, Buenos Aires, 685 pps.
[6] Ludwig von Mises (2007). “La Acción Humana. Tratado de economía”, Unión Editorial SA, Madrid, 1150 pags.
[7] Jorge Astete Virhuez (2001). “El poder neutro. La teoría del equlilibrio de poderes en el Perú”, Instituto Peruano de Derecho Constitucional, Lima, 198 paginas.

Ser de izquierda es nice

Raúl Mendoza Cánepa *

Gastón Acurio se reconoce de izquierda como Dionisio Romero y no faltarán nuevos adherentes. Ya aguardo las confesiones marxistas de la china Tudela porque, todo indica que ser de izquierda en el siglo XXI es condolerte de los pobres y aguzar las culpas de tu éxito en un país recargado de miserias. Izquierdismo, culpa flotante o pura emoción social, esto es (a diferencia del socialismo pre muro de Berlín): sentimiento sin propuesta, lloriqueo sin discurso y compasión sin compromiso.
¡Qué bien! Si es así, todos somos de izquierda, porque hay que ser un psicópata para no lagrimear ante los huecos que el hambre deja en el estomago de millones de niños en las márgenes de las ciudades y en la puna. De izquierda son los rojos de estirpe marxista como los moderados, de izquierda son los liberales, los cristianos, los budistas, los vegetarianos, los agnósticos, los nacionalistas, los derechistas con corazón…
Curioso que hoy en el Perú todos seamos de izquierda, la izquierda más uniforme e igualitaria del planeta, desde el dueño del BCP y Alicorp al empresario gastronómico cosmopolita, desde Carlos Tapia al cura Arana y ¿Por qué no? Hernando de Soto y quién sabe.
Definitivamente, el izquierdismo ya no tiene contenidos, es sensibilidad pura, sí, esa misma que el liberal comparte con el rojo y el progre. La única diferencia es la receta. El liberalismo proclama la racionalidad del mercado y confía en la dinámica de la inversión privada para el subsecuente desarrollo y superación de la pobreza. Sí, eso mismo que el izquierdista también anhela, claro que sin programa, estrategia o derrotero.
Pero el tema no es la sensibilidad o el corazoncito sino el resultado. La experiencia es la que indica quien tiene, finalmente, la razón. Un paseíto por el ranking de libertad económica de la Heritage y una revisión de los procesos históricos, le darán la respuesta: los países más ricos son precisamente los que de mayor libertad económica gozan.
En efecto, lector, esa misma libertad que permite que el transnacional Acurio invierta a su gusto en Lima, Santiago o Madrid o que el capitalista Romero le pague el salario a cientos y miles de familias que, a su vez, pueden acceder a la educación, la salud o el simple consumo.
Me pregunto si sabrá el sensible Acurio sobre la odisea que cientos y cientos de pequeños empresarios deben pasar para inscribir su bodeguita, su cevichería o su sanguchería al paso. Obstáculos que, seguramente, el Tanta, La Mar o Hermanos Pasquale supieron muy fácilmente sortear. Porque si no hubiera sido así, sin duda, ya hubiéramos escuchado al gran chef confesarse como el más rabioso de los liberales.
(*) Abogado, analista político e investigador

lunes, 11 de mayo de 2009

Seguimos perdiendo el tiempo

por : Juan José Garrido Koechlin.
Si bien es cierto que entre los distintos modelos capitalistas –ver la categorización de William Baumol- la fórmula exacta para facilitar mayores tasas de crecimiento es la mezcla adecuada entre unos y otros, es cada vez más sólido el consenso alrededor de las condiciones necesarias a fin de maximizar el crecimiento económico.
En primer lugar encontramos la facilidad para empezar y hacer crecer una empresa –simplicidad para formalizar una empresa, de cerrarla y de acceso a capital-; en segundo lugar, en qué medida se premia la actividad empresarial productiva –Estado de Derecho, levedad tributaria y entre otros-; en tercer lugar, en qué medida se premian las actividades improductivas -es decir, en las que se puede obtener una recompensa sin generar nueva riqueza-; y, finalmente, cómo incentivamos mejoras en la productividad de aquellos que ya probaron ser exitosos.
La mezcla de éstas condiciones promociona la actividad empresarial dirigida a innovar, a mejorar formas actuales de producción, mejoras en calidad, entre otros; es decir, incentiva a los diversos emprendedores a volcar sus cualidades al mercado, beneficando a la sociedad –vía los consumidores- de mejores productos y mejores precios.
El último reporte del Banco Mundial –Doing Business, 2009- que proporciona una medida relativamente objetiva del ambiente para hacer negocios en 181 países, clasifica al Perú en el puesto 62, un descenso de 9 puestos desde la clasificación del 2008. De los 10 temas en evaluación –apertura de un negocio, obtención de crédito, protección de los inversores, pago de impuestos, entre otros- empeoramos en 7 de ellos, y –lamentablemente- en los que mayor incidencia tienen sobre el crecimiento de largo plazo. Y si bien estamos en los rangos promedios de la región, nos encontramos muy alejados de la media de los países desarrollados, referencia obligada a la cual apuntar. Por ejemplo: mientras en Perú realizas 10 procedimientos para empezar un negocio, en los países desarrollados son 5; mientras en los países de la OCDE no llegan a 14 días los requeridos para lograrlo, aquí necesitamos de 65; y así en cuanto a registro de propiedades, acceso a crédito y otros.
Mejoras en el clima de inversión son necesarias por varios motivos; empero, lo más importante para un país como el nuestro, es que trasferimos la competencia de los pasillos del legislativo, ejecutivo y poder judicial a los anaqueles, las tiendas y las mentes de los consumidores. Es decir, ponemos la economía –los intercambios- al servicio de la gente y no del poder político y económico.

sábado, 2 de mayo de 2009

La pregunta de Zavalita

Por: Raúl Mendoza Cánepa
En su novela Conversación en la Catedral, Vargas Llosa se pregunta por boca de uno de sus personajes, Zavalita “¿Cuándo se jodió el Perú?” Ensayemos una respuesta weberiana. La colonia dejó su sello en la república. Con el catolicismo español aportó a la vida el jerarquismo, el autoritarismo y la sanción moral del éxito, este espíritu no aportó al desarrollo de empresas e individuos.
En Estados Unidos fue a la inversa. Las raíces protestantes hicieron del éxito individual la prueba de la “salvación” personal (gracia divina). Para Weber, la cultura pone lo suyo y en Norteamérica creó al individuo libre, exitoso y aventurero, el self made man. En Latinoamérica reforzó el principio de jerarquía, y la jerarquía es regulación, burocracia, procedimiento, pasividad individual, o sea más Estado. Se consolidó una cultura contraria al éxito individual.
¿Ideal colectivo?
Si reparan, hasta la independencia peruana fue colectivista, fue independencia de la Nación, sin carta de derechos individuales (”…el Perú es libre e independiente…”). En Norteamérica, bajo el ideal jeffersoniano, la independencia sí fue individualista (”Todos los hombres son iguales, dotados por su creador de ciertos derechos inalienables: a la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad”, Declaración de Filadelfia -4 de julio de 1776)
Por eso en el Perú las esperanzas se centraron en la omnímoda y “generosa” voluntad de los burócratas generosos, nunca en la inventiva y esfuerzo de los individuos ávidos de cumplir sus propios sueños.