El Instituto de Desarrollo Económico y Empresarial, es una asociación civil de derecho privado sin fines de lucro. El instituto realiza investigaciones y acciones que contribuyen a promover el desarrollo empresarial del país, mediante la promoción del emprendimiento y apoyo a las MYPES. Ofrecemos soluciones innovadoras para consolidar su crecimiento.
jueves, 3 de enero de 2013
En defensa de la economía de mercado
martes, 30 de octubre de 2012
Investigación de mercados para PYMES
http://indeedata.wix.com/indee
domingo, 28 de octubre de 2012
El debate del modelo económico
No sobra recordar que el modelo económico no es otra cosa que un marco de referencia abstracto, más aún teórico, sobre las características determinantes del sistema económico. En muchas facetas es un lenguaje para simplificar el problema y destacar los componentes sobresalientes. No es fácil abordar algunos temas económicos específicos sin una visión general.
viernes, 31 de agosto de 2012
Sector Informal y Políticas Públicas en El Perú
martes, 12 de julio de 2011
El sueño del mercado de capitales moderno
sábado, 9 de octubre de 2010
Apreciaciones sobre el crecimiento
Durante la semana, nuestro 12% de crecimiento anualizado en el Producto Bruto Interno (PBI) de Junio se constituyó no sólo en portada, sino en tema de amplio debate y opinión. Sin duda, la tasa –de categoría asiática- registrada en medio de un ambiente económico global incierto invita a la reflexión: ¿en qué se sustenta?, ¿es sostenible?, ¿existen riesgos, de mantenerse la misma?
Lo primero que habría que destacar es el origen de tan abultada tasa –al 12%, constante, se duplica el PBI cada 6 años-; si analizamos por sectores, Construcción (22,70%) y Manufactura (21,61%) son los que más aportan. No obstante, el análisis sectorial por variaciones aporta muy poco –en cuanto a información- sobre lo relevante, que son las políticas públicas detrás del crecimiento. Sin duda, las tasas de los sectores mencionados son muy importantes, empero sólo representan al 6,23% y al 14,33% respectivamente del PBI total (promedio 2009). Servicios y Comercio, los sectores más importantes de toda economía moderna, representan 56% del PBI, por lo que no debemos dejar de señalar las reformas pendientes y necesarias a fin de impulsar dichos sectores (laborales, tributarias, institucionales, regulatorias, entre otras).
Lo segundo a tratar es sobre la sostenibilidad y los riesgos -de mantenerse las actuales tasas de crecimiento-, si hubiesen. China, para tomar un ejemplo, creció a tasas mayores al 10% durante más de 25 años; Japón, Corea del Sur y Taiwán confirman la viabilidad del ejercicio chino. Es decir, sí es sostenible crecer a tasas elevadas por periodos extensos. Los riesgos se presentan no en las altas tasas, sino en las políticas detrás de las mismas. Me explico: si el crecimiento está basado en reformas que mejoran la productividad local, la calidad institucional, el ambiente de negocios, todo ello en un marco de prudencia fiscal y monetaria, pues se puede crecer a dos dígitos sin generar riesgos de algún tipo. En cambio, si el crecimiento está soportado sólo por un mayor gasto público -vía impuestos o inflación-, entonces sin duda existen riesgos y lo mejor es bajarle las revoluciones a la maquina. ¿Es este nuestro caso? La data fría dice que la economía aún no está “recalentada”; empero, el crecimiento de la inversión pública (67%) está muy por encima de la privada (24%) –generando un efecto “crowding out”-; ergo, los problemas potenciales son diversos: baja calidad del gasto público, espacio para corrupciones –Q.E.P.D. SNIP-, cuellos de botella –calidad institucional, regulatorios, etc-, entre otros.
Si deseamos crecer de manera sana y sostenible a este ritmo es indispensable hacer reformas, aquellas que quedaron pendientes en 1997.
jueves, 1 de julio de 2010
El modelo actual aletarga nuestro desarrollo
Acaban de firmar el acta de fundación y aprobar los estatutos de la Sociedad Liberal. ¿Cómo y dónde nace la idea?
Hace varios meses nos reunimos un grupo de peruanos, seguidores del pensamiento liberal clásico, la gran mayoría jóvenes profesionales, para intercambiar ideas sobre el rumbo actual de nuestro país y para discernir sobre cómo interactuaban nuestras ideas con los cambios que vivimos desde las reformas realizadas a comienzos de los noventa. Observamos que, si bien es mucho lo avanzado, falta profundizar las reformas que nos permitan pasar al grupo de los países desarrollados. La Sociedad Liberal nace, entonces, del inconformismo con el modelo actual, que se presenta como “neoliberal”, pero que no es más que un híbrido donde aspectos del libre mercado se mezclan con mercantilismo y estatismo, aletargando nuestra capacidad de desarrollo.
¿Qué objetivos se han marcado y cómo los piensan llevar a cabo?
Servir de puente entre las ideas liberales y el devenir económico, político y social. Buscaremos desmontar esa caricatura que ha construido el progresismo socialista a través del término “neoliberalismo”. Esa difusión se llevará adelante a través de foros, conversatorios, columnas de opinión y, por supuesto, a través de nuestra página web (www.sociedadliberal.pe) y redes sociales como Facebook.
¿Por qué renunciar a intervenir activamente en política?
Bueno, una cosa es la actividad intelectual y otra es el activismo. Creemos que para lo segundo se necesita de lo primero. Si bien el liberalismo, como filosofía, extiende su acción al plano social, vía la política y la economía, hemos considerado que nuestra asociación debe ser un punto de encuentro donde la creación de valor sea la discusión de ideas. En ese sentido, seremos apartidarios, pero de ninguna manera apolíticos. Por supuesto, cualquiera de los miembros es libre de participar en la acción política, bajo su responsabilidad.
¿De qué manera se ha distorsionado la ideología liberal?
En el Perú, un segmento intelectual, político y periodístico comparte un nivel de negación frente a la evidencia que llega a lo risible. Confunden permanentemente mercantilismo con capitalismo, liberalismo con fascismo, la responsabilidad individual con derechos sociales, y, por supuesto, el deber del individuo con el deber del Estado. El liberalismo considera al individuo como un fin por sí mismo y no como un medio para los fines de otros; para ello, la propiedad y los frutos de la misma deben estar protegidos frente a la coacción estatal o privada, los intercambios se deben producir de manera voluntaria, y el Estado debe concentrarse en brindar una estructura capaz de preservar tales principios. De esta visión individualista se extrapola erróneamente un concepto de negación del colectivo. En el momento en que una persona propone al colectivo como fin supremo de la acción individual, convierte a las personas en esclavos. En definitiva, anhelamos una sociedad en la que los individuos puedan incrementar su calidad de vida basados en los frutos de su propio esfuerzo e iniciativa, sin sufrir limitaciones por parte de terceros y bajo los límites de su responsabilidad.
¿Cómo hubiera reaccionado un gobierno liberal ante la crisis global del 2008?
Permitiendo mayor libertad. La crisis financiera se origina en un exceso de activismo estatal antes que en una carencia de controles. Me explico: la inadecuada asignación de recursos en proyectos de inversión y en consumo es una consecuencia de la expansión crediticia y monetaria impulsada por los bancos centrales y los gobiernos. Se promovió el crecimiento en base a dinero que no contaba con ahorros previos; de ahí que los empresarios e inversionistas erraran masivamente en sus análisis del mercado. Lo peor de esta crisis no son sus efectos, sino la insatisfactoria lectura que sobre sus orígenes y soluciones han realizado la gran mayoría de analistas.
¿Qué eventos inmediatos tienen en agenda para los próximos meses?
El 8 de junio le daremos una recepción al Dr. Deepak Lal, expositor principal en la VIII Convención Internacional de Economía, que organiza la UPC. A lo largo del año vamos a programar una serie de diálogos, conferencias y debates, mientras que en paralelo esperamos comenzar a publicar una serie de textos que permitan poner al alcance del público las ideas centrales del liberalismo.
domingo, 14 de marzo de 2010
Un Perú más libre
Afortunadamente para los peruanos, frente a dicha alternativa hemos valorado en mayor medida, en los últimos años, la libertad. Y en el último Índice de Libertad Económica (publicado por la Fundación Heritage y el prestigioso Wall Street Journal) el Perú destaca en el puesto 45 de 179, situándonos en una privilegiada posición de cara al futuro. Y es que, aunque para algunos aún cueste aceptarlo, las correlaciones positivas entre dicho indicador y variables representativas de calidad de vida son más que evidentes (para aquellos que gustan de los guarismos, la relación entre libertad económica e ingresos per cápita es 0.67).
Más allá del puesto, que al final es sólo un indicador relativo, lo importante es que hemos mejorado en el último año en 3 puntos, situándonos por ello entre los 15 países con mejores reformas en dicho plazo. De los 10 indicadores utilizados, entre los que destacan libertad comercial, libertad empresarial y el respeto a la propiedad privada, hemos mejorado en 6, sólo retrocediendo en los ámbitos de libertad fiscal y monetaria, los cuales se explican por el difícil entorno macroeconómico mundial.
Los enemigos de la libertad, que sin duda existen y abundan por nuestros lares, sostienen que dichas libertades sólo benefician a unos pocos en desmedro de muchos. Eso es, sencillamente, falso: la libertad económica no sólo beneficia a todos, sino que beneficia en mayor medida a los más pobres, para quienes pequeños incrementos en sus ingresos significan sustanciales mejoras en su calidad de vida. La pobreza a nivel mundial se ha reducido durante la última mitad del siglo XX más que en toda la historia pasada junta; en el Perú, dichas mejoras en el Índice han significado reducir la pobreza de 55% en 1990 -cuando se hicieron las reformas- al 36% actual. Aún falta mucho por hacer, sin duda; empero, para esos 5 millones de peruanos que han franqueado la brecha, la diferencia es fundamental: menor mortalidad infantil, mayor acceso a escolaridad, mejores niveles de sanidad, entre otras. Como advertimos, la libertad no es poca cosa.
Entre dos Alternativas: ¿Granos o Arena?
Hoy, los peruanos contamos cerca de 11.5 millones de pobres (es decir, 48% de la población total), de los cuales 4.3 millones viven en extrema pobreza (léase, 18%). Asimismo, aproximadamente 6.5 millones (es decir, 27%) viven en zonas rurales, mientras que la diferencia (cerca de 17.5 millones) viven en áreas urbanas. Si bien es fácil inferir que la pobreza es distinta en las zonas rurales que en las zonas urbanas, lo cierto es que las políticas pro-desarrollo alivian discriminadamente, por lo que hay que buscar mecanismos que funcionen tanto en una como en la otra zona.
Hasta la década del 60, el Perú era un país que había desarrollado un capital agro-exportador e industrial, dinamizando con ello la economía a largo de la costa; en la sierra, era la minería y ganadería –en menor medida- quienes asumían dicho rol. El robo por parte del estado en la era velasquista –apelado por algunos como “Reforma Agraria”- polarizó aún más a la población, convirtiendo el 23% de pobres en 1961 al 55% que tocamos en 1991.
A los peruanos, nos ha tocado vivir –en estos últimos 4 años- un período de resplandeciente y esplendorosa bonanza, fruto –que duda cabe- de factores externos cíclicos. Ellos, han dinamizado brutalmente nuestra economía, generando miles de puestos de trabajo conexos a los de carácter primario. Por ello, se ha reducido la pobreza del 54% existente en el 2001 al 48% de hoy. Ello, sin reforma del estado, sin privatizaciones y sin mejora de la calidad institucional.
Podemos concluir algunas cosas de lo visto en los párrafos anteriores: en primer lugar, la necesidad -y consiguiente demanda- por materias primas debería mantenerse estable una buena cantidad de años; ceteris paribus, los factores externos pueden seguir siendo beneficiosos para los peruanos. Por ello, sería necesario apostar a un modelo de integración comercial, económica e institucional ahora que las cosas están dadas para ello.
En segundo lugar, los peruanos vamos a tener un problema mayúsculo en muy pocas décadas, producto de la tasa –1.5% promedio en los últimos 10 años- de crecimiento poblacional, la cual nos obliga a crecer a tasas de 6 a 8 por ciento a fin de reponer la depreciación de los factores de producción, la tasa de crecimiento poblacional y los factores monetarios (inflación y devaluación). Crecer a menor ritmo implicaría mantener o ahondar el problema de esos 11.5 millones de peruanos.
En tercer lugar, es necesario terminar la discusión sobre qué modelo aplicar; no podemos, en pleno siglo XXI, seguir pretendiendo escapar a dicho final. La globalización ha polarizado a los países. En eso, los socialistas tienen razón; sin embargo, se equivocan en las causas del mismo. Para ellos, la globalización ha empobrecido a los países pobres del sur, enriqueciendo a los países ricos del norte (el famoso eje norte-sur de riqueza-pobreza). Esto es completamente falso. Los países que se han sumado a la globalización están enriqueciéndose, y los países que han optado por cerrarse, se están empobreciendo. Esa es la real polarización.
La globalización es un fenómeno que arrastra consigo mejoras en la calidad de las instituciones (lo cual responde el 30% del crecimiento de un país), así como mejoras en la productividad total de los factores (PTF), la cual responde a otro 50% del crecimiento económico, según evidencias globales.
¿Hasta cuando vamos a seguir pateándole el tablero a esos 11.5 millones de peruanos? ¿Puede alguien realmente creer que las políticas de robo –léase expropiación o nacionalización, como quieran llamarle- van ha solucionar el problema? Los chicos que plantean esta propuesta, ¿han examinado las consecuencias -vividas por tantos países- de este tipo de ofertas? ¿Creen realmente que Bolivia, hoy, será la vedette principal en el cabaret de la inversión extranjera directa (IED)?
Realmente, sino es falta de razonamiento y lucidez, pues se le parece mucho. Seguirle mintiendo a los pobres, vendiéndole la peregrina idea que el estado será un patriarca leal, es seguir creando mayor miseria, pobreza y frustración. Al ser la relación de carácter endógena, los pobres seguirán aumentando, y con ello se agravará aún más la situación.
Sólo la integración, la estabilidad económica, jurídica e institucional, la reducción del estado a niveles que permitan su manutención, y el respeto irrestricto a la libertad podrán generar esa tasa de crecimiento que tanto necesitamos. ¿Cómo hacer para que lo entiendan? ¿Ó será posible que nosotros elijamos -alguna vez- bien? No que el candidato alterno sea una lumbrera o iluminado, pero no es necesario probar la arena para saber que no es comestible.
Sopesando las alternativas de ADEX
Dado que a la Asociación de Exportadores le preocupa —según sus declaraciones— mejorar la calidad de vida de los peruanos, nos figuramos que una discusión sobre las premisas expuestas serían oportunas.
Podríamos, por ejemplo, revisar la data que contrasta la primera premisa: en los últimos cinco años las exportaciones —como porcentaje del PBI— han significado 26.81% en promedio; el sector servicios, sin embargo, representa 40.43% del mismo. Sin duda es extraordinario el crecimiento de los sectores transables, lo cual se traduce en mayores y mejores puestos de trabajo, estabiliza nuestra economía, et al; empero, es la revolución en el sector servicios —tal como India (ver http://www.voxeu.org/index.php?q=node/4673)— la que pone en duda el supuesto de la industrialización como clave necesaria para lograr el desarrollo.
Sobre la segunda premisa, sería conveniente adelantar que las importaciones sí generan puestos de trabajo —de hecho, está muy ligado a la revolución en servicios mencionada anteriormente—. Empero, las ventajas de las importanciones no residen sólo en el plano laboral; siguiendo los deseos de ADEX, suponemos que será una buena noticia hacerles notar que un mayor ingreso de bienes importados implica mejores alternativas para los consumidores locales: en calidad, precios, conceptos, diseños y propiedades, entre otros; y las ventajas no acaban allí. Las importaciones proveen de nuevas tecnologías, inducen a nuevos procesos de gestión y negocios, y otros beneficios colaterales. Todo ello, en su conjunto, significa mayor demanda de puestos de trabajo y, por supuesto, mejoras sustanciales en la calidad de vida de millones de peruanos.
Finalmente, sobre el tercer argumento, la premisa contradice el objetivo de ADEX. Por supuesto que el drawback mejora la calidad de vida de unos peruanos, aquellos directamente relacionados al sector exportaciones; empero, esas mejoras son a costa del resto de peruanos. Es decir, se perjudica a millones de peruanos para hacerle el negocio más fácil a un grupo reducido de favorecidos —abaratando, de paso, los bienes a los consumidores extranjeros, la mayoría de los cuales son países inmensamente más ricos que el Perú—.
Entre las premisas de ADEX y su objetivo, nos quedamos con lo segundo; bueno fuera que ellos también.
jueves, 25 de febrero de 2010
Lo que se ve y lo que no se ve
Xavier Sala-i-Martín es catedrático de Columbia University y Profesor Visitante de la Universidad Pompeu Fabra.
Bayona, 1839. Un gamberro lanza una piedra contra una panadería y rompe una ventana. El panadero sale enfurecido y se echa a llorar porque va a tener que pagar un nuevo cristal. Los viandantes se reúnen a su alrededor y, al principio, se solidarizan con su desgracia. De repente, uno de ellos explica que el infortunio no es tal ya que el dinero que el panadero va a gastar representará un ingreso para los cristaleros (quienes, al fin y al cabo, viven de los cristales rotos). Estos van a gastar ese dinero en la carnicería en beneficio de los carniceros, que a su vez van a gastarlo en el teatro en beneficio de los actores,y así sucesivamente hasta suponer un enorme efecto positivo sobre la economía agregada, a través de lo que los economistas keynesianos llaman el efecto multiplicador. Tras concluir que la gamberrada era buena para la sociedad, los viandantes abandonaron al panadero a su suerte.
Esta historia, conocida como la paradoja de los cristales rotos, fue contada por primera vez por el economista francés Frédéric Bastiat en 1839 en un fantástico libro llamado Ce qu'on voit et ce qu'on ne voit pas (Lo que se ve y lo que no se ve). La tesis principal del libro es que muchos analistas cometen errores garrafales porque se fijan sólo en “lo que se ve” e ignoran “lo que no se ve”. En el ejemplo del cristal roto, “lo que se ve” es que el panadero va a tener que gastar dinero para reparar la ventana y eso va a afectar positivamente a quien recibe el pago, el cristalero. “Lo que no se ve” es que el dinero que el panadero gastará en cristales iba a ser destinado a comprar otras cosas, como por ejemplo, un traje. Al no poder comprarlo, el sastre no ingresa nada, el carnicero del sastre tampoco y los teatros a los que iba a acudir el carnicero del sastre tampoco. Es decir, que el efecto multiplicador resultante de reparar el cristal solamente sustituye a un efecto idéntico que hubiera generado el gasto en cosas alternativas. Al no haber efectos netos positivos, lo único que queda es un cristal roto. Y eso es malo.
Les explico todo esto porque los gobiernos del mundo entero intentan reactivar la economía a través de programas Renove que subsidian la compra de coches nuevos a cambio de la destrucción de coches viejos. Según esos planes, el gobierno se constituye en un gran gamberro (lo digo por analogía con el chaval que lanzó la piedra contra la panadería) y destruye toda una flota de coches que todavía funcionan con el argumento de que, al tener que repararlos, se va a fomentar la actividad económica: como en la paradoja de los cristales rotos, los fabricantes y distribuidores de automóviles tendrán ingresos adicionales, los gastarán y eso tendrá efectos positivos sobre la sociedad. También saldrán beneficiados los propietarios de coches viejos que reciban un subsidio superior al valor que su cacharro tenía en el mercado. Todo eso es “lo que se ve”. Ahora bien, “lo que no se ve” (y no se contabiliza) son las pérdidas de mecánicos y reparadores de coches, las de los vendedores de segunda mano a los que el Estado ha robado el negocio y las de los contribuyentes.
Además, está el malgasto en burócratas administradores del programa y sobre todo, lo que no se ve es el dinero que no ingresan las industrias que no van a recibir el subsidio y las que no van a obtener el dinero que los consumidores hubieran gastado si no hubieran tenido que pagar tantos impuestos. Es decir, si el Estado realmente cree que destruir automóviles viejos para fabricar los nuevos es bueno para la economía, ¿no debería también destruir neveras, televisiones de plasma y videojuegos? ¿Y por qué parar ahí? ¿Por qué no derribar edificios, carreteras y puentes? ¿Por qué no demoler ciudades enteras por el bien de la sociedad? ¿Verdad que no tendría sentido? Pues tampoco lo tienen los planes Renove. Porque destruir maquinaria y dedicar dinero a reemplazarla no genera suficientes beneficios para compensar la destrucción. La pregunta es: ¿por qué el Estado tiene tanto interés en ayudar a la industria del automóvil con cargo a los trabajadores-contribuyentes de todos los otros sectores?
La respuesta que se nos da últimamente es (¿cómo no?): ¡hay que combatir el cambio climático! De hecho, el nuevo plan se llama VIVE! de Vehículo Innovador, Vehículo Ecológico. Apesar de que el cambio climático se ha convertido en el comodín justificador de las políticas más ridículas e injustificables de planeta, citarlo no es suficiente: esas políticas también deben ser sometidas a la lógica económica. Nos dicen que los coches nuevos van a contaminar menos que los antiguos porque tienen una tecnología mucho más verde y sostenible. Eso es “lo que se ve”. Ahora bien, “lo que no se ve” (y lo que los ecologistas no contabilizan) es que para construir cada coche nuevo se necesita contaminar. ¿O no se emite CO2 y no se contamina cuando se produce el acero de la carrocería y el motor, la goma de los neumáticos, los plásticos de los interiores o la pintura exterior? La pregunta es: ¿la reducción de emisiones que van a tener los nuevos y eficientes coches será superior al incremento de polución que supondrá su fabricación? Según un artículo publicado en The New York Times por Michael Gerrard, director del Centro para del Cambio Climático de la Columbia University, la respuesta es no. También en la sostenibilidad, pues, las autoridades parecen ignorar la paradoja de los cristales rotos, esa vieja lección que ya se explicaba en 1839, sobre lo que se ve y lo que no se ve.
Este artículo fue publicado originalemente en La Vanguardia (España) el 17 de julio de 2009.
miércoles, 27 de enero de 2010
Un estudio revela que las familias “progres” pasan de la educación de sus hijos
Según informa este sábado El País, un informe encargado por la Fundación Bofill a un equipo de expertos ha puesto de manifiesto cómo funciona la educación en los “distintos tipos” de familia que se han analizado. En este sentido, esta clasificación se compone de las “extrovertidas y progresistas”, las “introvertidas y tradicionales”, las “conflictivas” y las “armónicas y convivenciales”.
Las denominadas familias “progresistas” no han salido muy bien paradas en este informe, que revela que en ellas “hay un notable desestimiento de la educación de los hijos, que se delega en la escuela, en personal auxiliar domiciliario”. Además, incide en que en esta concepción familiar es donde más “conductas antisociales” se dan en los hijos.
Los expertos consideran que estos “progresistas” rechazan la pena de muerte, defienden el aborto, la eutanasia y la legalización de la marihuana, y trabajan más fuera de casa”.
En el lado opuesto, están las familias “tradicionales” y la “convivencial”, que son las que despiertan más elogios en cuanto a la educación de sus hijos. De la primera destaca que tienen “los valores de siempre”, autoridad fuera y dentro de la familia. De la segunda añade que en ellas hay un buen clima familiar y que suelen optar “por el castigo como correctivo”.
Tal y como indica su nombre, las familias “conflictivas” son las que más problemas presentan y en ellas no existe un buen clima familiar y “carecen de normas de convivencia en casa a la hora de ir a dormir”.
domingo, 20 de diciembre de 2009
Perú: 1955-2009
Revisando la data histórica, el Perú ha transitado diversas autopistas entre 1955 y el 2009. Siguiendo la taxonomía del economista William Baumol, el Perú vivió hasta 1962 (gobierno de don Manuel Prado y Ugarteche) un estilo de capitalismo oligárquico y de grandes firmas; desde 1963 hasta 1990, el Perú transitaría una senda de socialismo en mayor o menor medida, desde las prácticas irresponsables y proteccionistas del belaundismo, pasando por el comunismo velasquista, hasta el modelo estatista y autárquico que primó hasta 1990; de ahí en adelante, el Perú vive una mezcla de capitalismo emprendedor y de grandes empresas (más notable sin duda desde el 2001).
Lo central hoy es, sin duda, la consolidación de este modelo, tanto para los grandes capitales como para los más necesitados, quienes sin duda se benefician del modelo. Existe, sin embargo, una razón menos visible de por qué mantener el actual modelo es beneficioso para todos los peruanos: el tipo de modelo económico pule las prácticas empresariales existentes y crea parámetros de comportamiento. Así, por ejemplo, el modelo estatista y expropiador de 1963-1990 creó un empresariado mercantilista, incapaz de mirar el largo plazo dado que la consigna era sobrevivir -y los que podían, prosperar- en base a la relación con el Estado. El actual modelo, en cambio, obliga -a grandes y pequeños- a preocuparse por variables claves en el algoritmo del crecimiento empresarial: prácticas gerenciales, productividad, organización, planeamiento estratégico, comunicaciones, aprendizaje y conocimiento, entre otras.
Lo curioso, al menos para el anecdotario local, es lo compasivos que han sido estos empresarios con los actores del pasado. Algún cínico dirá que se hicieron fortunas durante los años de estatismo; eso no es cierto. Velasco expropió -a mano armada- a diestra y siniestra (agro, banca, minería, industria, medios, pesca, entre otros), y los gobiernos de Belaunde y García, si bien relajaron los controles y las prohibiciones, retornaron muy pocos sectores a las manos apropiadas en el sector privado -léase, a sus verdaderos propietarios. El Perú de hoy es re-creado por el esfuerzo y la creatividad de peruanos exitosos; ni por un minuto crean que la tuvieron o que la tienen fácil gracias al Estado Peruano.
Por qué es necesario crecer?
Algunos misólogos identifican el crecimiento económico con la génesis de todos los males imperantes; apuntan, tercamente, que el crecimiento no es la panacea, y que el mismo sólo puede llevar a la desigualdad y la destrucción del medio ambiente. La data que sustente lo contrario les es, por decir lo menos, trivial. No contentos con ello, sueltan, a veces, curiosas propuestas encaminadas a promover un estado de “crecimiento cero”, seguido de nuevos y mayores clamores por redistribuir la riqueza actual. En otras palabras, que ya el mundo está lo suficientemente enriquecido para colmar las necesidades de todos los seres humanos y que, por lo tanto, la solución estriba en la adecuada distribución de los frutos logrados.
El sofisma, realmente, recae en un pequeño error de percepción: la pregunta, en el fondo, no es otra que ésta: ¿por qué los individuos están interesados en producir más? Dicha pregunta, en el agregado, supone la variable “crecimiento”. La respuesta no es otra que para mejorar su calidad de vida vis a vis su anterior modo o estilo de vida. Y esa búsqueda por mejoras en la calidad de vida es la que incentiva -o motiva- el interés por producir más.
Los incentivos, como bien dice William Easterly, son los que promueven la acción humana. Los humanos no producen por placer; de ser así, pagaríamos por trabajar. Tampoco producimos por codicia, como los insensatos sostienen. Los mayores niveles de producción originan excedentes que, al intercambiarlos -normalmente a través del sistema monetario-, nos permiten obtener otros bienes y servicios que mejoran nuestra calidad de vida.
Esa es la conexión lógica: necesidades -léase carencia de bienes- crean motivos para producir, y mayores niveles de producción nos permiten intercambiar -léase mejorar nuestra calidad de vida. Produciremos hasta el punto en que el reposo tenga mayores réditos que la producción. Entonces, sí hay límites naturales a la producción, con lo que el miedo indirecto a la autoextinción es una nimiedad.
Peor es la pobreza imperante en algunos recodos del orbe. Y por eso es que debemos de seguir produciendo y progresando. El movimiento que promueve el “crecimiento cero” sólo apunta a aniquilar los incentivos que mueven a los seres humanos, una pésima noticia para los más pobres y necesitados.
jueves, 5 de noviembre de 2009
Lo que se ve y lo que no se ve
Bayona, 1839. Un gamberro lanza una piedra contra una panadería y rompe una ventana. El panadero sale enfurecido y se echa a llorar porque va a tener que pagar un nuevo cristal. Los viandantes se reúnen a su alrededor y, al principio, se solidarizan con su desgracia. De repente, uno de ellos explica que el infortunio no es tal ya que el dinero que el panadero va a gastar representará un ingreso para los cristaleros (quienes, al fin y al cabo, viven de los cristales rotos). Estos van a gastar ese dinero en la carnicería en beneficio de los carniceros, que a su vez van a gastarlo en el teatro en beneficio de los actores,y así sucesivamente hasta suponer un enorme efecto positivo sobre la economía agregada, a través de lo que los economistas keynesianos llaman el efecto multiplicador. Tras concluir que la gamberrada era buena para la sociedad, los viandantes abandonaron al panadero a su suerte.
Esta historia, conocida como la paradoja de los cristales rotos, fue contada por primera vez por el economista francés Frédéric Bastiat en 1839 en un fantástico libro llamado Ce qu’on voit et ce qu’on ne voit pas (Lo que se ve y lo que no se ve). La tesis principal del libro es que muchos analistas cometen errores garrafales porque se fijan sólo en “lo que se ve” e ignoran “lo que no se ve”. En el ejemplo del cristal roto, “lo que se ve” es que el panadero va a tener que gastar dinero para reparar la ventana y eso va a afectar positivamente a quien recibe el pago, el cristalero. “Lo que no se ve” es que el dinero que el panadero gastará en cristales iba a ser destinado a comprar otras cosas, como por ejemplo, un traje. Al no poder comprarlo, el sastre no ingresa nada, el carnicero del sastre tampoco y los teatros a los que iba a acudir el carnicero del sastre tampoco. Es decir, que el efecto multiplicador resultante de reparar el cristal solamente sustituye aunefecto idéntico que hubiera generado el gasto en cosas alternativas. Al no haber efectos netos positivos, lo único que queda es un cristal roto. Y eso es malo.
Les explico todo esto porque los gobiernos del mundo entero intentan reactivar la economía a través de programas Renove que subsidian la compra de coches nuevos a cambio de la destrucción de coches viejos. Según esos planes, el gobierno se constituye en un gran gamberro (lo digo por analogía con el chaval que lanzó la piedra contra la panadería) y destruye toda una flota de coches que todavía funcionan con el argumento de que, al tener que repararlos, se va a fomentar la actividad económica: como en la paradoja de los cristales rotos, los fabricantes y distribuidores de automóviles tendrán ingresos adicionales, los gastarán y eso tendrá efectos positivos sobre la sociedad. También saldrán beneficiados los propietarios de coches viejos que reciban un subsidio superior al valor que su cacharro tenía en el mercado. Todo eso es “lo que se ve”. Ahora bien, “lo que no se ve” (y no se contabiliza) son las pérdidas de mecánicos y reparadores de coches, las de los vendedores de segunda mano a los que el Estado ha robado el negocio y las de los contribuyentes.
Además, está el malgasto en burócratas administradores del programa y sobre todo, lo que no se ve es el dinero que no ingresan las industrias que no van a recibir el subsidio y las que no van a obtener el dinero que los consumidores hubieran gastado si no hubieran tenido que pagar tantos impuestos. Es decir, si el Estado realmente cree que destruir automóviles viejos para fabricar los nuevos es bueno para la economía, ¿no debería también destruir neveras, televisiones de plasma y videojuegos? ¿Y por qué parar ahí? ¿Por qué no derribar edificios, carreteras y puentes? ¿Por qué no demoler ciudades enteras por el bien de la sociedad? ¿Verdad que no tendría sentido? Pues tampoco lo tienen los planes Renove. Porque destruir maquinaria y dedicar dinero a reemplazarla no genera suficientes beneficios para compensar la destrucción. La pregunta es: ¿por qué el Estado tiene tanto interés en ayudar a la industria del automóvil con cargo a los trabajadores-contribuyentes de todos los otros sectores?
La respuesta que se nos da últimamente es (¿cómo no?): ¡hay que combatir el cambio climático! De hecho, el nuevo plan se llama VIVE! de Vehículo Innovador, Vehículo Ecológico. Apesar de que el cambio climático se ha convertido en el comodín justificador de las políticas más ridículas e injustificables de planeta, citarlo no es suficiente: esas políticas también deben ser sometidas a la lógica económica. Nos dicen que los coches nuevos van a contaminar menos que los antiguos porque tienen una tecnología mucho más verde y sostenible. Eso es “lo que se ve”. Ahora bien, “lo que no se ve” (y lo que los ecologistas no contabilizan) es que para construir cada coche nuevo se necesita contaminar. ¿O no se emite CO2 y no se contamina cuando se produce el acero de la carrocería y el motor, la goma de los neumáticos, los plásticos de los interiores o la pintura exterior? La pregunta es: ¿la reducción de emisiones que van a tener los nuevos y eficientes coches será superior al incremento de polución que supondrá su fabricación? Según un artículo publicado en The New York Times por Michael Gerrard, director del Centro para del Cambio Climático de la Columbia University, la respuesta es no. También en la sostenibilidad, pues, las autoridades parecen ignorar la paradoja de los cristales rotos, esa vieja lección que ya se explicaba en 1839, sobre lo que se ve y lo que no se ve.
Entendiendo la pobreza
La pobreza como fenómeno no es reciente; de hecho, es la condición natural del ser humano. El economista Angus Maddison, en su tratado sobre la economía mundial desde el año 1 hasta el 2030, desmitifica ese credo marxista sobre la pobreza como un fenómeno capitalista. En el año primero de la era cristiana el PBI per cápita promedio era cercano a los 467 dólares (en dólares constantes de 1990); hacia el año 1000, el PBI promedio se había incluso reducido a los 450 dólares. Recién en el año 1500 es que los ingresos promedio superan los 550 dólares, manteniéndose los mismos casi constantes hasta la primera Revolución Industrial (1820). El gran salto en ingresos per cápita promedio se da recién en 1913, cuando se rompe la barrera de los 1,500 dólares; en 1973 alcanza los 4,000 dólares y se inicia el segundo milenio con cerca de 6,500 dólares de PBI per cápita promedio.
Es decir, nos tardamos casi 1800 años para duplicar nuestra producción per cápita, y luego la octuplicamos en sólo 200 años. El ritmo actual de crecimiento es incluso mayor, razón por la cual la pobreza en el mundo se ha reducido de los niveles preindustriales (hasta 1820, cerca del 85% de la población mundial se encontraba bajo los límites de pobreza extrema) a las cifras que hoy contemplamos con pesadumbre, pero que significan una mejoría sustancial en los niveles de calidad de vida de millones de personas. Surjit Bhalla, economista especializado en el estudio de la pobreza y la desigualdad, calculaba la pobreza extrema (ingresos diarios menores a 1.08 dólares) en el año 2002 en niveles cercanos al 13.1% de la población mundial, pronosticando una reducción sistemática de la misma casi a nivel global con la penosa excepción del África subsahariana.
Lo relevante no es, entonces, las causas de la pobreza en sí; es decir, de lo fenomenológico. Lo importante es desnudar por qué persiste la pobreza cuando se tienen claras las rutas del desarrollo -apertura comercial, estabilidad macroeconómica, mejoras en la calidad institucional, acceso a infraestructura, entre otros.
sábado, 10 de octubre de 2009
El lado oscuro de la crisis económica global
Por: Charles Philbrook
La crisis va llegando a su fin. Eso, al menos, es lo que se desprende de los últimos pronósticos de crecimiento realizados por el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, y de cuanta declaración a los medios brinda uno y otro funcionario, de uno y otro país, en una y otra cita cumbre. Pero ¿por qué creerles a quienes la negaron cuando aquélla aún no se manifestaba, la minimizaron cuando estalló, y la ahogaron en un océano de liquidez monetaria y gasto fiscal cuando amenazaba ya con tumbarse a economías regionales enteras?
En darle pronta “solución” a esta crisis el mundo ya ha gastado todo lo que gastó en las dos grandes guerras, el New Deal y el Plan Marshall juntos, descontando el factor inflación. Solucionar un problema y posponerlo, sin embargo, son dos cosas distintas. Quien soluciona algo resuelve aquello que impide que se ejecute la acción; quien pospone, empero, pasa para mañana lo que no quiere hacer hoy. Y qué mejor ejemplo de lo que pareja observación implica que darle un vistazo aéreo al sector inmobiliario norteamericano, epicentro del terremoto financiero del 2007. El mercado de MBS (mortgage-backed securities) —títulos valores de deuda que permiten que la banca comercial libere recursos y así pueda seguir otorgando préstamos hipotecarios—, en lo que va del año, ha simplemente desaparecido, lo que ha llevado a que la Reserva Federal, el banco central, se vea obligado a crear dinero del aire con el cual comprar el 100% de esta emisión, unos $700 mil millones. No se puede hablar de solución a una crisis mientras en una economía de “mercado” desaparecen los mercados.
El estado de salud de la economía global no sólo no mejora sino que se agrava (!). En los últimos meses son más y más los países en los que el PBI presenta una divergencia entre el real y nominal, de tal manera que mientras el primero aumenta, el segundo se desploma, y esto, desde 1971, el fin del sistema monetario de Bretton Woods, es inusual. Un PBI real que crece indica un mayor volumen de producción, y uno nominal que cae, una menor facturación corporativa, es decir, se produce más, pero se vende a cada vez menores precios, lo que lleva a que las utilidades corporativas disminuyan, y, por lo tanto, a que la recaudación tributaria caiga, en países tan distintos como Perú, China, Estados Unidos, QwaQwa (uno de los diez bantustanes de la antigua Unión Sudafricana)… A lo dicho en relación a esta inusual y dañina divergencia, súmenle la contracción crediticia y monetaria (M3) que ha empezado a darse en ambos lados del Atlántico, en Europa y en los Estados Unidos, y que habla de saturación sistémica de deuda y de imposibilidad por parte de las autoridades monetarias de reinflar la economía (léase burbuja) global.
Pero China, creen desinformadamente algunos analistas —poniendo en evidencia un deseo oculto, mas no un hecho—, va en rescate de la economía global. Ignoran que, con todo el potencial de crecimiento que este gran país tiene —¡es cierto!—, por el momento, y según pautas del Consejo Estatal, lejos de aumentar su producción va a verse forzada a reducirla en ocho sectores industriales claves, que años atrás ya presentaban serios problemas de exceso de capacidad instalada —excesos que requieren una pronta “solución” que no puede seguir siendo postergada—. (Aceros, cemento, aluminio y construcción naviera, entre otros).
En el largo plazo, el crecimiento económico acumulativo de la humanidad, no cabe duda alguna, es impresionante. Vaya este único ejemplo: la esperanza de vida de un español del Siglo de Oro (1500-1700) era apenas unos treinta años, pero hoy, y gracias a una mejor alimentación (resultado de una mayor producción) y una buena salud (resultado de innovaciones tecnológicas y descubrimientos en el campo científico), sus descendientes pueden aspirar a vivir ochenta años y más. Es en periodos cortos de tiempo, sin embargo, y que se vuelven largos debido a las distorsiones y falsas señales que produce la intervención estatal en la economía (de lo contrario, la intervención en ésta no hubiese llevado nunca a la caída de la Unión Soviética), en los que la actividad económica se reduce considerablemente —¡ha surgido la crisis!—, y dedos acusadores señalan, unas veces al inversionista, otras, al empresario, como los grandes responsables de ésta, en los que entra la duda y se busca el cambio de rumbo, y en los que se olvida en todo momento que nuestra historia, la de la humanidad, a partir del siglo XIX, es una historia de éxito, de progreso, de avance en todo campo de la acción humana. Una historia en la que, en lo político, la democracia liberal le reserva un papel fundamental al Estado: proteger, garantizar los derechos individuales, en especial, los derechos de propiedad. Sólo y recién entonces, en lo económico, y con esta motivación de por medio, esos dos grandes motores del desarrollo, el inventor y el productor, entran en acción, inventando y produciendo más allá de sus necesidades inmediatas. Ésta es y seguirá siendo nuestra historia; éste, el camino que nuestros genes tienen trazado en esas cuatro letras que codifican el ADN, y que una crisis, un hipo de crecimiento económico, por más grande que sea, no puede cambiar, algo que el autor de la obtusa complejidad de las “entrelíneas” en este ensayo juega a ignorar. (Ese autor es usted).
miércoles, 9 de septiembre de 2009
Actualidades sobre la Depresión
Si bien es cierto que la producción industrial mundial presenta “claros signos de recuperación”, todavía estamos por ver si ello se acumula en inventarios -debido a una débil demanda del mercado norteamericano- o si dicha demanda se consolida. Si utilizamos junio de 1929 como punto de partida (=100) para el análisis de la Gran Depresión y abril del 2008 como inicio (=100) de la actual depresión, actualmente nos encontramos en 90, cuando a similar temporalidad la Gran Depresión se encontraba en 80. Es decir, mientras la producción industrial decrecía de manera sostenida en los treintas -de hecho, cayó por tres años consecutivos-, la actual crisis financiera presenta un escenario económico más esperanzador.
Empero, los mercados bursátiles no han recuperado la confianza en la misma proporción. Tomando, similarmente junio del ‘29 y abril del 2008 como puntos de partida (=100), la actual depresión (69) presenta un descenso ligeramente superior al de la Gran Depresión (74). En otras palabras, los mercados han castigado drásticamente sus expectativas, no obstante la recuperación vista en los últimos meses -desde el punto más bajo, donde el indicador era 50.
En cuanto a volumen de comercio, de igual forma, nos encontramos en aguas más turbulentas que en los treintas. Mientras el comercio mundial se redujo, transcurridos catorce meses, en 10% durante los treintas, la actual crisis presenta una contracción indudablemente mayor (20%). El comercio internacional, como indicador, es más que relevante por diversas razones -mejores precios a los consumidores finales vía las ventajas comparativas, transferencia tecnológica, señales de proteccionismo o apertura a la globalización, entre otros-, por lo que el actual escenario se presenta aún como sombrío para nuestra región -en especial nuestro país-, que ha sufrido la recesión más como una reducción del mercado externo que como una restricción del crédito.
Así las cosas, la segunda mitad del 2009 será muy importante para determinar la naturaleza de la actual crisis económica: si se consolida la demanda norteamericana, posiblemente ya pasamos lo peor de la misma; si, por el contrario, se deterioran las señales del consumo interno, posiblemente veremos una segunda caída significativa de los mercados bursátiles, con una recuperación recién en el 2011 o 2012.
La competitividad es obra del mercado
El Ministro de Economía ha puesto en agenda un tema que se ha venido postergando desde hace muchos años. Cuando se creó el Consejo Nacional de la Competitividad (CNC) en el 2002 no lograron avanzar con la reforma del estado. Y es que el tiempo nos da la razón.
La competitividad ha aumentado en los últimos años no por algún Plan Nacional de Competitividad sino por obra de las fuerzas del mercado. Ningun organismo estatal puede crear competitividad sino más bien obstaculizarla. Toda iniciativa gubernamental sirve para intervenir no para abrir espacios de libertad. Más bien, es por la poca libertad empresarial que hay la que ha hecho subir unos puestitos al Perú en este ranking.
Si realmente quieren aumentar la competitividad deben limitar la acción del CNC lo más posible. Ya tenemos una experiencia parecida con Indecopi. Al crearse en 1992 era una pequeña oficina de unos cuantos funcionarios en San Borja, cuyos impulsores aseguraron que no iba a representar una mayor carga fiscal pero vean en lo que se ha convertido. Un tremendo elefante burocrático. En un organismo super poderoso pero lento en su desempeño con oficinas regionales en Cusco, Arequipa, Loreto, La Libertad, Lambayeque, Piura, Cajamarca, Tacna, y Puno. Con una abultada planilla de trabajadores tanto en CAS, personal nombrado y de confianza, también crea empleos indirectos con su presupuesto. Gasta según su portal de transparencia económica S/.64 millones anuales.
El CNC tiene en agenda los siguientes Planes: Perú Emprende, Perú Innova, Intermesa, Cadenas Competitivas, Regiones Competitivas, y Educación para la Competitividad.
La experiencia nos señala que va a requerir más burocracia, leyes, resoluciones, directivas, reuniones, viajes, foros, y más viajes, foros, reuniones, etc. Podemos afirmar que ello contribuirá con más gastos de gobierno, más regulaciones, más deuda, más impuestos, sin contar con el costo de oportunidad de las horas no trabajadas de aquellos empresarios que participan en el Consejo Directivo. Supongo que la Directora del CNC querrá superar en importancia al Indecopi para aspirar a más presupuesto fiscal, pues esa es la lógica de la Elección Pública. A mayor presupuesto equivale contar con medios suficientes para tener una presencia reguladora en la competitividad empresarial.
Si los países ganaran competitividad mediante la metodología de mayor burocracia los países más intervenidos serían los primeros en el ranking. Pero no hay pruebas reales que nos confirme esta suposición.
domingo, 23 de agosto de 2009
Prioridad en el desarrollo
Si lo que deseamos es una mejora sistemática en los ingresos per cápita promedio, sería necesario empezar por analizar la descomposición del producto bruto total, así como la incidencia de las mejoras en productividad que sustentan dicha composición. Tomando como base de análisis los últimos cinco años (2004-2008), el PBI peruano se descompone básicamente de la siguiente manera: cerca del 60% del mismo se concentra en sectores no transables (Servicios 38%, Comercio 14% y Construcción 5%); Agropecuario, Pesca y Minería sólo conforman el 15% del mismo. En otras palabras, el Perú es otro ejemplo -en la historia del crecimiento económico- que evidencia cómo el desarrollo implica la transformación de la economía de una de sobrevivencia -agricultura, pesca, ganadería y minería, principalmente- a una basada en intangibles -comercio, servicios y otros que implican más conocimiento que bienes.
Ahora, una cosa es composición de la producción y otra es en qué sectores se basa el crecimiento -lo cual afecta la composición de la producción en el largo plazo. Analizando la composición de la variación real del PBI local, podemos apreciar que son los sectores no transables los que explican -cerca del 61% de cada punto de crecimiento del PBI- el crecimiento económico del último lustro.
Es necesario fortalecer la competitividad local, qué duda cabe; empero, aquellas mejoras en los sectores no transables serán más beneficiosas para la población de menores recursos, dado que la formación de capital humano requerida para el sector servicios es menor a la necesaria en el sector manufactura; además, las habilidades requeridas en el primer sector son fácilmente obtenibles in situ.
A fin de mejorar rápidamente la productividad de los sectores no transables, hay que enfocarse en facilitar la transferencia de los factores de producción involucrados de los menos eficientes a los que mejor uso de los mismos demuestren. Como bien dice el economista Baumol: “Al final, la productividad es todo”.